lunes, 19 de octubre de 2009

Select your life

Suena el despertador. Son las diez y media en el reloj. Me levanto sin ninguna prisa, lo único que tengo que hacer es estudiar, sin ninguna prisa, partituras para el concierto de noviembre. El arpa está destapada desde hace días. Voy bien con las obras clásicas, pero el Tema con variaciones sobre un aria de la ópera Norma de Parish-Alvars se me está atravesando. Parece mentira que después de tanto tiempo haya retomado la carrera musical. Tengo un par de conciertos con mi grupo de cámara, y alguna que otra boda casi en diciembre. Mientras, me dedico a componer por las tardes. Al parecer las clases de composición hace ya nueve años, sirvieron para algo. Me siento y hago técnica mientras apunto digitaciones sobre la partitura. Mi profesora, tras años persiguiéndome, ha conseguido que anote los pedales antes de empezar a tocar una pieza. Más vale tarde que nunca.

Suena el despertador. Alargo el brazo, aún con los ojos cerrados, tanteando la madera de la mesilla. Me da un escalofrío nada más sacar el brazo del edredón. La luz de un día nublado recién amanecido se cuela por la balconada: los postigos de madera son bonitos, pero la luz les gana la batalla y entra en la habitación. Casi sonámbulo, me levanto y pongo la cafetera. Mi gato Whisky ronronea por el pasillo detrás mía: se solidariza y se viene conmigo al cuarto de baño. Hoy debemos de rondar los cero grados en la calle. Ojalá nieve, eso en Sevilla no se ve. Tras el chute de cafeína salgo para mis clases: enero en Madrid es terrible. Bajo por la estación de Alonso Martínez no sin antes comprar el periódico que quizá un día me dé de comer. Nueve paradas me quedan hasta mi destino. La gente en el vagón ni siquiera levanta la cabeza... me acuerdo del bullicioso C2 que me llevaba hasta la Cartuja, y de los anuncios de las marquesinas de las paradas, que ya me sabía de memoria. La nostalgia se manifiesta en forma de escalofrío.

Suena mi alarma del móvil en el bolsillo. Pero entre el bullicio de la Plaza de San Lorenzo, no soy capaz de escucharla. He soñado durante años con este momento. El misterio sale bajo esa carita de ángel alado tan característica. Suena la marcha real y conforme va terminando, se me erizan los vellos. La plaza pide un silencio que es imposible. Después de 3 años y cambios en la junta de gobierno que no han parado de demorar este momento, ha llegado la hora. Suena la introducción de 'La otra mejilla' y me alegro de haber aceptado ese trabajo en un periódico local de Granada. Si no, este estreno no habría sido posible. Suenan y redoblan durante cinco minutos los acordes marciales de mi marcha. Ya hubo división de opiniones en el estreno hace un mes, pero hoy es el gran día y sólo existe lo que a mi me pasa por la cabeza. Un sueño cumplido.

Suena la música que indica que el concierto va a continuar después del descanso. Apago el cigarrillo en el masificado cenicero del vestíbulo, y entro en la sala del Teatro Real. Quién me iba a decir que estaría aquí. Esta vez no vengo por gusto, sino a hacer la crónica de patio para la revista cultural en la que trabajo. Al final, ha sido posible encontrar un trabajo en el que puedo compaginar mis conocimientos musicales con la actividad periodística. Benditos aquellos meses en el Diario de Sevilla... Las luces empiezan a apagarse, y saco mi libreta, esa que los parroquianos de Sevilla siempre creen que es una continuación de mi brazo. Se hace el silencio, se alza el telón.

Suena el teléfono de mi habitación. Contesto en inglés, pero parece que se han equivocado. A pesar de que son las seis, la noche es ya profunda en Londres. Me quedan dos semanas para terminar las prácticas y no pienso irme de aquí tan fácilmente. Busco la manera de subsistir sin la beca, por lo que intento complacer en mi trabajo para que me permitan quedarme aunque sea como becario. Si no, tendré que ponerme a trabajar en un bar y a tocar la campanita a las 11 de la noche... pero de aquí no me saca ni Dios.



Suena el pitido de un camión de Coca Cola en la calle. Me despierto una mañana de mediados de octubre, me hago un café y me siento ante el ordenador dispuesto a escribir en el blog. Pienso en los libros que tenía de pequeño, los de 'elige tu aventura'. El resto...ya lo sabéis.

1 comentario:

Bayadère dijo...

Disfruto mucho leyéndote, me ha encantado. Espero de verdad "tu historia" sea de las que acababa bien (y no con un final de esos raros, que todos nos conocemos esos libros...)
Besos