Lo cierto es que esta noche hasta se me ha escapado una lagrimita de esas que no sabes si salen del sueño que tienes o de que la película te ha cogido en un momento tonto. La obra magistralmente interpretada por el terceto Nicholson-Hunt-Kinnear me ha parecido reveladora en esta ocasión. Una pequeña pieza de música de jazz con la que disfrutar como si no la hubieras oído nunca, un libro en el que descubres la palabra perfecta.

Indescriptible el viaje a Baltimore de los tres protagonistas, las historias reencontradas, los ánimos y las decepciones y los caminos cruzados. 139 minutos en los que se teje una maraña de emoción que te hace sonreír en más de una ocasión y que te hace compadecerte y tener ganas de abrazar a cualquiera de los tres. Uno de esos pequeños tesoros que nos ha dado Hollywood y que, como dijeron en su día los críticos, huele a clásico.
Si estáis dispuestos a dejaros sorprender, entrad en ella con la curiosidad de un niño, y probaréis la grata satisfacción de la ternura.