Mostrando entradas con la etiqueta cine. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cine. Mostrar todas las entradas

sábado, 16 de octubre de 2010

Noche de tranquileo psicotrópico


Para una noche que decido no salir a beber para olvidar y apostar por un plan tranquilo, estoy ahora mismo absolutamente desconcertado. Me he ido con Javier después de unas cervezas y desahogarnos por la infernal semana de revista -después de la cual me he dado cuanta de que siempre pringamos los mismos- al cine al Palacio de Hielo. Buscando en El Psís que hoy ni siquiera hemos hojeado la sesión golfa, nos hemos topado con dos opciones: la DiDi Hollywood de la Pataky en la que -palabras textuales de la rubia- no enseña "ni un pezón", o la película sobre la creación de Facebook, La Red Social.

Obviamente, nos hemos metido en la segunda (después de perdernos por un centro comercial medio abandonado) con sendos cubos de palomitas. Resulta que el niñatillo de Harvard que creó el "Me gusta", Mark Zuckerberg, era una mala persona de mucho cuidado. No contento con putear a los dos niños pijos que iban a ser sus socios, deja tirado a su mejor amigo y co-fundador de la red social para irse con el creador del Napster encarnado en un Justin Timberlake al que es muy fácil odiar. Resulta que el tal Mark traiciona al buenazo de su amigo Eduardo, un brasileño bastante buen tío, y se queda solo pero con una empresa que vale 25.000 millones de dólares. Ahí es na.

No contento, llego a mi casa y pongo la tele. A las 2.30 de la madrugada Intereconomía me obsequia con un reportaje enternecedor y nada necesario que intenta mostrar el lado afable y campechano de Franco. Mientras desfilan por la pantalla conocidos del caudillo ensalzando su personalidad entrañable, de fondo suenan mis piezas favoritas de música clásica como la Romanza del Concierto para guitarra y orquesta de Salvador Bacarisse o el preludio de Lohengrin de Wagner. Después querrán que no me indigne. Una noche rara. Miedo me da que suene el timbre.

sábado, 28 de agosto de 2010

La vida más allá de la hora de cierre


La edición europea de El País cierra a las 10 de la noche, la edición nacional a las 11 y las delegaciones entre las 12 y la 1 de la madrugada. Durante estos dos meses de periodismo real, sin simulacros ni ensayos, esas han sido las horas límites que han marcado mi día a día. Jornadas que han llegado a las 14 horas algunas veces, pero que han pasado volando.

Durante estos meses he escrito del pasado común del judío Gustav Mahler y el Richard Wagner al que los nazis le colgaron el injusto sanbenito de ser afín al führer, he contado las desventuras de un niño prodigio inglés que con solo 7 años pinta como un impresionista de finales del XIX, los robos de un 'van gogh' en un museo de El Cairo y de una escultura en bronce de Dalí en la torre gótica de Brujas. He contado como Christie's y Sotheby's se enfrentan por vender al mejor postor la colección de arte contemporáneo de Lehman Brothers, he enseñado a los lectores la magnificencia de la edición de 2010 de los Proms británicos y he cronicado el concierto en la Plaza Mayor de Barenboim con su orquesta del diálogo.

Me he descubierto a mí mismo escribiendo de flamenco de la mano de Arcángel y de la ortodoxia extrema de José Menese, he hablado de películas chinas que revientan la taquilla y del laberinto legal entre el museo Thyssen y un judío de Los Ángeles que reclama un cuadro puntillista de Camille Pissarro que los nazis expoliaron a su abuela a cambio de su vida en el Berlín del 39. He enseñado a la gente por qué la Tosca de Puccini es una de las óperas más hermosas de la historia y las desventuras de un gobierno tailandés creyendo que había encontrado La Atlántida cuando lo que había bajo el mar era un decorado de cartón piedra para submarinistas.

En este tiempo he hablado con los famosos para ver cuáles son sus playas favoritas, he escrito de la primera vez que los hijos de Michael Jackson han ido al colegio tras la muerte de su padre y he entrevistado a la cantaora Mayte Martín. En este tiempo me he ido al pueblo avileño de Iker Casillas a ver la final gloriosa del Mundial con su familia y he recomendado cada domingo qué espectáculos de clásica no podían perderse los madrileños.

Han sido muchas cosas, pero todas un paso adelante. Ahora, escuchando la 'Lacrimosa' del Réquiem de Mozart, del que acabo de escribir para contar los 118 diagnósticos distintos que rodean su misteriosa muerte a los 35 años, me doy cuenta de que quizá me he consagrado en estos dos meses al estilo clásico musical. No es ninguna sorpresa, ayer tuve la revelación mientras pasaba mi último día en la redacción de que he dedicado más de la mitad de mi vida a la música clásica. Suena impactante y te da un escalofrío solo de pensarlo. La mitad de mi vida es más que suficiente para asumirlo como algo del destino.

Creo que somos una de las secciones ejemplares porque los 3 becarios de Cultura hemos respetado nuestro espacio y nos hemos dedicado a trabajar y colaborara entre nosotros antes de pisotearnos en busca de una gloria efímera que solo trae problemas. Ahora volveremos a la escuela, donde chocarán nuestros egos nutridos durante estos dos meses a base de firma y orgullo. Cada día en Cultura ha sido un plus, un añadido a lo que ya era para ser un poco mejor. Una escuela real de cómo funciona algo tan anárquico como la sección de un periódico, un reto en el que tienes que asumir tu lugar y, dentro de él, llegar hasta el límite permitido, en el que cada día se empieza de cero para demostrar por qué estás ahí.

Ahora vuelvo a casa, a la Sevilla que hace dos meses que no veo. Ya hay ganas, como es lógico. Más allá de la hora del cierre solo queda volver a abrir el círculo que volverá a cerrarse mañana a las diez para Europa, a las once para España y rondando la una de la madrugada para Madrid. Día tras día, el rito del reloj que no perdona, para hacer posible que mañana en el quiosco el lector se reencuentre con sus 60 páginas de siempre.

domingo, 13 de junio de 2010

50 años de 'El Apartamento'


Medio siglo se cumple hoy de la primera proyección de la obra maestra de Billy Wilder. 'El Apartamento' nos traía a una Shirley McLane coqueta y con el pelo corto y a un entrañable Jack Lemmon haciendo de oficinista pardillo, presentados en un ascensor. La muestra del más sumiso de los subordinados es en Lemmon un personaje increíble, trascendental y adorable para la Historia del Cine.

Ya no se hacen películas como 'El Apartamento', una historia de amor de las de toda la vida, pero con la visión Wilder que hace de cada relato una obra genial. La cinta en blanco y negro con más Oscars hasta 'La lista de Schindler' cumple hoy 50 años, y es de recibo hacerle una pequeña entrada. No hace falta decir que es imprescindible verla, altamente recomendable.


sábado, 13 de diciembre de 2008

El eterno sonido del cine

Nació en 1932. La era de entreguerras le permitió tomar aire tranquilamente antes de que el fascismo asolara Europa y EEUU, siempre atenta a la jugada europea, pensara en "echar una manita" al mal llamado Viejo Continente.

Nadie le dijo que sería uno de los compositores más célebres de Hollywood cuando sólo soñaba con sencillas melodías que él creía inútiles. John Williams, el músico, el gran músico de cine que vistió los silencios de majestuosidad, es el hombre al que dedico esta entrada.


Empezó estudiando música (¿qué si no?) en el conservatorio de su barrio, y llegó a dominar cuatro instrumentos: trombón, clarinete, trompeta y piano. ¿Recuerdan la archiconocida fanfarria de la 20th Century Fox? Pues en ese bosque de metales estaba él. Con su trombón nuevecito, Williams ligaba desde ese momento su vida a la maravillosa labor del compositor de bandas sonoras de cine.

Al principio todos estaban escépticos. Qué osado querer poner música a tantos filmes, más de 100, y no retirarse nunca (a pesar de que advirtió que lo haría tras La lista de Schindler). Sin embargo, el tiempo lo fue colocando en el lugar que merecía, y le concedió 5 Oscar de nada más y nada menos que 45 nominaciones. Y luego los Globos de Oro (ganó 4 de las 20 veces que fue propuesto).

Seis décadas componiendo al servicio del cine que ha construido nuestros recuerdos. Un nombre íntimamente ligado al cine de aventuras que nos hizo soñar: Tiburón, El coloso en llamas, Star Wars (todas), Superman, Harry Potter, Indiana Jones, E.T., Jurassic Park... y un sinfín de composiciones que han quedado para los anales de la Historia. También maestro de lo sobrenatural (Encuentros en la Tercera Fase, Drácula, La Guerra de los Mundos) y de los dramas más duros, con una unión especial a aquellos en los que Spielberg retrata la historia judía: la sublime y ya citada, La lista de Schindler, y un drama desgarrador, Munich.


Su talismán: la Orquesta Sinfónica de Londres, con la que grabó, entre otras, las bandas sonoras de Star Wars, y con cuya grabación vendió más de 4 millones de copias en 1977. A partir de ese momento las universidades americanas se lo rifaban. 14 de ellas le concedieron títulos honoríficos, entre ellas la de Boston y el Conservatorio de Nueva Inglaterra.

Además, escribió la música por encargo para 4 Olimpiadas (Los Ángeles 84, Seúl 88, Atlanta 96 -el centenario de los JJOO modernos- y Salt Lake City 02).

Sin duda, si hubiese podido volver a nacer, él sería una de las personas que escogería ser sin dudarlo. Sólo un genio puede crear semejantes piezas para gloria del cine. El mejor de los compositores fílmicos americanos sin duda. Aqui abajo os dejo un poco de toda esa maravillosa obra.

Gracias John Williams.


miércoles, 5 de noviembre de 2008

Adiós al padre de Parque Jurásico

Ayer murió Michael Crichton. ¿Que no sabéis quien es? Yo tampoco me acordaba de él, la verdad, pero resulta que adentrándome en mi memoria lo he encontrado. El padre de la novela que dió lugar a una de las películas que marcaron nuestra infancia: Parque Jurásico. Nunca me había interesado por el escritor que creó un mundo imaginario que vive en la mente de nuestra generación, pero ahora he querido dedicarle estos parrafitos, que espero sirvan de algo. A continuación os enumero algunas de las proezas de este hombre, que medía 2.06 metros, que ya quisiera yo para mí.

- Ganó el Premio Edgar Allan Poe de relato.

- Fue el creador de la serie Urgencias, que parece que no tiene mucho éxito, porque sólo lleva 15 temporadas y sigue...

- Médico diplomado por la Universidad de Harvard.

- Estudió Literatura antes de empezar Medicina.

- 150 millones de copias vendidas de sus thrillers tecnológicos.

- 12 de sus novelas se llevaron al cine.

- Produjo la película Twister.

- Spielberg llevó al cine no sólo su Parque Jurásico, sino también la secuela, El mundo perdido.

- Escribió best-sellers como Esfera, La amenaza de Andrómeda o Congo.

- Dio conferencias de antropología en la Universidad de Cambridge.

- Le pusieron su nombre a una nueva especie de dinosaurio que encontraron en China.

- Fue el primero en usar en cine imágenes bidimensionales y tridimensionales realizadas por ordenador.

- Tiene un Oscar por logros técnicos y varios Emmys por Urgencias (que por cierto son el reflejo autobiográfico de sus prácticas como interno en un hospital).

Asi que, el hombre que devolvió a la vida a los dinosaurios es más que pura patraña. Una sorpresa grata...una pena que haya tenido que morir para conocerlo. De todas formas, aunque no sea un Cervantes o un Scorsese, su obra está grabada en nuestra memoria. Aunque sea en nuestra memoria de niños flipados ante una pantalla de cine.

domingo, 12 de octubre de 2008

Mejor... imposible

Esta noche he visto por tercera vez una película que nunca me había llamado la atención: Mejor...imposible. La carismática comedia de James L. Brooks no me había parecido las otras dos veces nada reseñable. Quizá en ello tenía que ver la auténtica aversión que sentía por Jack Nicholson (a quien, por cierto, doblaron en español no con demasiado entusiasmo en El resplandor).

Lo cierto es que esta noche hasta se me ha escapado una lagrimita de esas que no sabes si salen del sueño que tienes o de que la película te ha cogido en un momento tonto. La obra magistralmente interpretada por el terceto Nicholson-Hunt-Kinnear me ha parecido reveladora en esta ocasión. Una pequeña pieza de música de jazz con la que disfrutar como si no la hubieras oído nunca, un libro en el que descubres la palabra perfecta.

El maniático escritor se supera a sí mismo en una transición que le lleva a través de las más de dos horas de filme de ser un crual y despiadado ser humano al que todo el mundo humilla cuando lo echan del restaurante a un tipo bastante majo que a veces resulta hasta encantador. Una camarera ingeniosa y un pintor gay frustrado culminan la escena con un desparpajo y unas miradas de credibilidad increíbles. Kinnear borda su papel de artista arruinado, maldito, pero que mira con esos ojos del que sabe que aún hay esperanza. También Helen Hunt, la camarera pícara que se siente despreciada una y otra vez por Nicholson, y que es redimida a cada instante con su actuación, ofrece un menú cargado de sinceridad y de maravillosa ternura. No me extraña que el tarado que no pisa las líneas de las baldosas "quiera ser mejor persona" desde que la conoció.

Indescriptible el viaje a Baltimore de los tres protagonistas, las historias reencontradas, los ánimos y las decepciones y los caminos cruzados. 139 minutos en los que se teje una maraña de emoción que te hace sonreír en más de una ocasión y que te hace compadecerte y tener ganas de abrazar a cualquiera de los tres. Uno de esos pequeños tesoros que nos ha dado Hollywood y que, como dijeron en su día los críticos, huele a clásico.

Si estáis dispuestos a dejaros sorprender, entrad en ella con la curiosidad de un niño, y probaréis la grata satisfacción de la ternura.

jueves, 2 de octubre de 2008

Luto por el rebelde de ojos azules: el último adiós a Paul Newman

A veces hay mitos que se van, y a casi todo el mundo se le clava una espinita en el alma. Han vivido entre nosotros, en nuestras televisiones, en nuestros cines... sus nombres se han pronunciado siempre referidos a la grandeza y a la magnificencia. Son leyenda por méritos propios. Ese es el caso del indescriptible actor que se marchó el pasado sábado en su casa de Connecticut: Paul Newman.

Ya sabéis por lo que he escrito anteriormente que sabíamos de su "camino a la perdición" desde principios de agosto. Los textos ya estaban escritos, y antes de que me fuera del periódico, el actor de actores ha decidido marcharse.

Para mí, el único actor que quedaba vivo de ese trío maravilloso de estrellas deslumbrantes que formaban Newman, Dean y Brando. Los tres rebeldes, con una fuerza interpretativa que ha pasado a la Historia del Cine, los tres leyenda y cada uno con un final distinto, pero conservando esa dignidad de haber sido verdaderos artistas.




Paul Newman, nacido en 1925 en una familia multiconfesional, tras haber combatido en la Segunda Guerra Mundial, volvió a casa para estudiar interpretación. Los muros de la prestigiosa Universidad de Yale fueron testigos de la formación del galán de ojos azules, que terminó en el Actor's Studio sus clases, en los mismos asientos en los que se habían sentado James Dean o Steve McQueen.

Su primera película, después de probar suerte en el teatro, fue El cáliz de plata, una superproducción de 1954 animada por el éxito de la Ben-Hur de Charlton Heston, en la que Newman interpretaba a un efebo de blanca túnica. Su lanzamiento a la gran pantalla en la que él mismo definiría años después como "la peor película de la década".

Sin embargo, su primer papel de prestigio no llegó hasta 1956, año en el que arrebató a McQueen el papel protagonista de Marcado por el odio, cinta en la que conoció al círculo amoroso de Dean (su amor imposible, Pier Angeli, y el chico que se enamoró de él durante el rodaje de Rebelde sin causa, Sal Mineo).

1958 fue un año con mayúsculas para el actor. Tres películas le harían tocar el cielo de Hollywood. De este año es El zurdo, un filme en el que Newman revitaliza y desmitifica la figura de Billy el Niño; también El largo y cálido verano, en la que comparte escena con Orson Welles y Ángela Lansbury (La bruja novata, Se ha escrito un crimen), y en la que conoció a la que sería su esposa hasta la muerte, la actriz Joan Woodward. Pero sin duda la cinta del año fue la interpretada en una combinación explosiva y grandiosa junto a Elizabeth Taylor, La gata sobre el tejado de zinc, dirigida por Richard Brooks, y a mi juicio una de las películas del siglo.

La pareja perfecta en 'La gata sobre el tejado de zinc'

Tras tanto éxito vino una película que pasó inmerecidamente inadvertida: La ciudad frente a mí (1959), un melodrama que no dió buen resultado en taquilla. Pero la carrera de Newman sigió subiendo al año siguiente con uno de los filmes más costoso y legendarios, Éxodo, una tremenda cinta dirigida por Otto Preminger sobre la creación del Estado de Israel tras la Segunda Guerra Mundial.

Paul Newman defiende al pueblo judío en 'Éxodo'

Pero la vida volvió a darle un palo al carismático actor, y con el estreno de El buscavidas Newman recibió una mala acogida. Algo absolutamente injusto, que con el tiempo se rectificaría, ya que la película creó escuela e inició la tendencia cinematográfica conocida como "cine de perdedores". Los años siguientes pasan bastante bien, pero sin ningún gran logro para el actor. Corresponden a esta etapa Dulce pájaro de juventud, otra obra basada en libro de Tennessee Williams que sufrió tremendas represiones por parte de la censura estadounidense; Cuando se tienen veinte años y Cuatro confesiones, una revitalización versionada de un clásico de Akira Kurosawa.

Una mítica escena del filme 'El buscavidas'


La gloria vuelve en 1966, cuando llega su consagración como estrella internacional en un filme que reinventa un decaído cine negro, Harper, detective privado, en la que deslumbra junto a Lauren Bacall y crea escuela, dando lugar a la trilogía de Frank Sinatra sobre el investigador Tony Rome. Ese mismo año tiene lugar su única pero magistral colaboración con el maestro Hitchcock, Cortina rasgada, que en su momento supuso un fracaso comercial inmerecido, para una película de espionaje genial durante la Guerra Fría junto a Julie Andrews (Sonrisas y lágrimas).

Andrews y Newman en el drama de la Guerra Fría 'Cortina rasgada'

A partir de aquí hay 3 cintas imprescindibles, por lo magistral de su contexto y las colaboraciones. La leyenda del indomable, dirigida por Rosenberg, el director fetiche de Newman durante los 70, está considerada hoy como un clásico del cine carcelario. La segunda es la excepcional Dos hombres y un destino, la primera colaboración con Robert Redford (la otra llegaría con El golpe, todo un fenómeno social) y una muestra del denominado "western crepuscular" que arrasó en los Oscar. La última película es una obra maestra dirigida por John Huston, El juez de la horca, en la que Newman se luce junto a una madura Ava Gardner (considerada en Hollywood como "el animal más hermoso del mundo").

Una mítica imagen de Redford y Newman en 'Dos hombres y un destino'

Tras esta etapa, los setenta los protagonizan las películas llamadas de "cine catastrófico", como una de mis favoritas, El coloso en llamas, en la que Newman (el arquitecto del rascacielos) se enfrenta a un escéptico Steve McQueen (el jefe de bomberos), para entre los dos conseguir evacuar un hotel en llamas de más de 100 plantas. Tras esta, Sydney Pollack llevaría a Newman al drama político con Ausencia de malicia, en la que el actor se acompaña de la polifacética Sally Field (actualmente en la serie Cinco hermanos de la FOX) para interpretar a un cínico político liberal. Otro Sydney, en este caso Lumet de apellido, le dirigiría al año siguiente en Veredicto Final, una prestigiosa cinta en la que Newman es un abogado fracasado que se ve envuelto en un caso que le sobrepasa, un filme de gran solidea que le otorga una de las mejores interpretaciones de su carrera.

Steve McQueen y Paul Newman en un fotograma de 'El coloso en llamas'

En 1985 recibe el Oscar Honorífico por su trayectoria cinematográfica, con la pena de haber sido nominado en nueve ocasiones como mejor actor, y no habelo ganado ni una sola.

Pero el punto álgido de su trayectoria lo alcanza en 1986 y de la mano de Martin Scorsese, cuando revisita el tópico de El buscavidas en El color del dinero, que le valió su primer Oscar (algo inaudito teniendo en cuenta de quién hablamos). Así, es el único actor premiado con un Oscar "en solitario" tras haber ganado el Honorífico. Algo memorable que nos hace reflexionar sobre el valor de un actor como Newman.

Newman y Cruise en 'El color del dinero'


A partir de ahí, su carrera se basa en colaboraciones estelares, como en Al caer el sol junto a Gene Hackman y Susan sarandon; o en Camino a la perdición (2002) junto a Jude Law y Tom Hanks, lo que le valió una nominación a los premios de la Academia como mejor actor de reparto.

Lo último que hizo en relación al cine fue poner voz a la vieja gloria automovilística Doc Hudson en la película de Pixar Cars.

Con la muerte de Paul Newman se cierra una etapa. Con él se acaba la generación de Oro de Hollywood, y se abre una incógnita y un clamor: ¿qué fue de aquel maravilloso cine? ¿dónde quedó? ¿dónde están los actores vocacionales que dan la vida por un papel?. Con Newman lanzo un suspiro al aire: nadie quiere ver morir a sus mitos. No sólo se ha ido un ídolo de masas, también un genio, un intérprete nato, un soñador, un trabajador incansable. Con Newman se apagan las últimas candilejas y se oscurecen los proyectores. El galán de los ojos azules se ha ido, y se ha llevado 83 años de cine con él.