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lunes, 4 de abril de 2011

Alegato por la música española

Dicen que los españoles, sobre todo la generación en la que me inserto, no sabemos valorar el peso de nuestro legado. No me refiero al amor a las cruzadas y a la nostalgia del Imperio que tienen los grupos de ultraderecha, ni al deseo de que vuelva Franco que tienen algunos enfermos... me refiero a nuestro legado cultural, ese que nos hizo brillar en algún momento y que obligó a la orgullosa Europa a bajar su imperial cabeza para mirar a España, esa gran desconocida.

Hoy me he acercado a la Fnac para ver qué hay de nuevo y, principalmente, para que me dé el sol un poco. Allí me he topado con dos compositores en forma de CD que me han obligado a comprar su música: Cristóbal de Morales y Tomás Luis de Victoria.

Empecemos por Victoria. Heredero del magistral y espléndido sevillano Francisco Guerrero y del también hispalense Juan Vázquez, el abulense Tomás Luis de Victoria fue el músico más brillante de Europa. En su época lo llamaron "príncipe de los músicos" y era un quebradero de cabeza para el padre de la música de la Contrarreforma, Pierluigi da Palestrina. Palestrina difícilmente podía competir con las partituras de Victoria -a pesar de su magnífica Misa del Papa Marcello-, y el español llegó hasta la capilla del Vaticano como maestro absoluto. El mejor músico de la historia de la música española y un olvidado ahora que se cumple el Cuarto centenario de su muerte.

Cristóbal de Morales no se le quedaba atrás. Durante 10 años he estudiado música en el conservatorio de Sevilla que lleva su nombre y, sin embargo, nunca me he esforzado por saber a santo de qué le habían puesto a esa institución ese nombre. Resulta que, ahora que pretendo hacerme un hueco entre los culturetas de la Clásica, me pongo a leer sobre la Historia de la Música y lo descubro. Cristóbal de Morales nació en el cambio de siglo, en 1500. España vivía bajo el influjo de un Renacimiento que iba a cambiar el mundo y la cultura, y Cristóbal de Morales se empapó de él. Llegó a ser director de la Capilla papal en Roma, y es la cabeza de la Escuela Sevillana, la más prolífica y rica de la historia de la Música de España. En una etapa en la que Madrid aún era un pueblo grande de La Mancha, Sevilla era la puerta abierta al Nuevo Mundo, llamada Nueva Roma. De su puerto salió la primera imprenta que llegó a América, hoy potencia editorial.

De Morales volvió de Roma a una Sevilla bulliciosa y marítima a pesar de no tener mar, y demostró ser "luz de España en la música", como lo llamó el teórico Juan Bermudo. Exquisito, con fama en toda Europa, Cristóbal de Morales hoy tiene un callejón peatonal en Sevilla, desconocido y oculto, del que nadie se acuerda. El otro gran maestro de la Escuela sevillana, Francisco Guerrero, ha dado su nombre al conservatorio de Nervión, pero tampoco ha llegado más allá de eso. Es impresionante que tengamos músicos de fama internacional, de la Edad de Oro de la música española, para bautizar todos los conservatorios de la ciudad (Manuel del Castillo, otro gran olvidado, esta vez del siglo XX, da nombre al Superior), que hayamos tenido una Escuela sevillana que deslumbró en Europa, y sus obras no se programen nunca ni aparezcan apenas en los libros de texto.

Lo dicho, estaba en la Fnac de Callao cuando he visto la Misa para la fiesta de San Isidoro de Sevilla de Morales y me la he comprado. Isidoro de Sevilla, arzobispo de la capital hispalense, fue, aunque casi nadie lo sepa, el que escribió la primera enciclopedia de la Historia, las Etimologías. Al leer el libreto del disco, leo que es música dedicada a la festividad del santo sevillano en el día que la Iglesia fijó para recordarlo: el 4 de abril. Hoy es 4 de abril, y es la primera vez que escuchó y sé valorar a Cristóbal de Morales. Hay casualidades en la vida que sirven para descubrir cosas que no sabías, pero creo que esta es la casualidad de las casualidades.

No sabemos nada ni tenemos interés en saber algo, o al menos esa es la conclusión a la que llego hoy. Miramos tanto más allá de nuestras fronteras, que no sabemos que años antes de que nacieran los grandes maestros de la Música Clásica universal, nosotros ya teníamos nuestros propios Bach, Mozart y Beethoven. Mientras Salzburgo, Bonn y Mannheim celebran a sus ilustres compositores, a nosotros parece que no nos importe nada. Somos tan necios -yo incluído-...

miércoles, 18 de junio de 2008

Música para soñar (III)

Corpus Christi en Sevilla, de la Suite Iberia de Isaac Albéniz




Da miedo hasta hablar cuando suena Albéniz. Probablemente uno de los compositores que más respeto me dan de la música universal. El aclamado como el maestro pianista del siglo XX, conocía su instrumento a la perfección e hizo de él un sueño. Con la Suite Iberia, Europa se rindió a sus pies sin condición, y en el círculo en el que se movía en París, hasta Debussy reconoció su portentoso talento.

Es sin duda uno de los padres de la música española junto con maestros indiscutibles como Turina, Falla, Granados o Sarasate. Es el compositor para piano que más revolucionó un instrumento que se creía ya agotado, y que no se podría hacer nada nuevo con él. La prodigiosa técnica que hace falta para interpretar sus obras, le hace el heredero directo de Liszt, al que por cierto visitó en un viaje de juventud. Y es en el campo de la técnica en el que entra en juego esta obra...

Maravillosa pieza, la tercera de la Suite Iberia, y una absoluta delicia para los oídos. Cuando Albéniz se la dio por primera vez a una pianista para que la tocase, la pianista le puso cara de asco y le miró por encima del hombro. "Esto es imposible de tocar con sólo dos manos, tendrás que modificarlo". Pero Albéniz no lo hizo, y la pianista tocó el Corpus Christi después de meses de arduos ensayos. Ahí empieza la leyenda de una pieza que quiso ser Sevilla, pero sin castañuelas ni guitarras, sino sólo ese suave silencio de la mañana cuando el Corpus cruza el centro de nuestra ciudad.

La pieza empieza tímida. casi en susurro, y nos asombra con... la canción popular de La Tarara!. Los registros cambian, pero la sencilla melodía permanece, viajando entre tonalidades y arreglos, entre cromatismos y tempos que vuelan. Cuando pasa el minuto, vualan las campanillas de la custosia para regresar a la melodía maravillosa con un bajo que es glorioso, como el canto sacro al paso de la custodia. Complicación hasta límites tan hermosos de rubato, que acarician el cielo.

Se acalla la música, va hacia los graves, y empieza una melodía nueva, tremendamente hermosa, que transcurre por el minuto 3 como una nana, una saeta quizá al paso de una custodia de plata en el amanecer más hermoso, que sólo puede verse a los pies de la Giralda. Modulaciones y arranques por fandangos en los inicios del cuarto minuto. Y vuelve la Tarara! Pero ahora enloquecida, con puentes de escalas cromáticas que desembocan en una fuga de la melodía popular con unas octavas que centellean en los graves.

Y el minuto 5 nos sorprende con una ráfaga de viento, que vuela el romero que alfombra el adoquinado de la Plaza Virgen de los Reyes al paso del cortejo. Y hora la melodía de la Tarara, primero alegre y pícara, y luego apasionada, hasta que se vuelve hasta dramática, con esos cambios de ritmo tan andaluces. Y rompen los tresillos la monotonía apocalíptica de los sostenidos, hasta conducir a la Tarara a un baile al compás de peteneras. Increíble la ejecución del pianista, apasionado desenlace en rubato y silencio...

El silencio gregoriano del paso de Jesús Sacramentado. Una melodía casi ancestral y de aire sagrado llena la calle. El silencio de las gentes ante el templo de plata de Arfe lo rompen de vez en cuando las campanillas que penden de la Custodia. Final de campanas de La Giralda en la lejanía, como si la estampa se fuera a vestirse de blanco y negro a esperar a que llegue la primavera que viene.

Sin duda una pieza larga, pero tan hermosa, que hace estremecerse hasta al más ateo. Si la gente piensa que España no ha sido grande en la música, que baje a la Tierra y escuche maravillas como esta. Y os invito a escuchar otras piezas de la misma Suite Iberia, como El Puerto, Triana, El Albaicín, Evocación o Almería. Prodigiosas todas y cada una de ellas. Como habréis visto, soy un amante de la música nacionalista española, mucho mejor de lo que muchos creen. Para que después digan que no merece la pena defender lo nuestro. Sibelius y Grieg son auténticos héroes en sus naciones respectivas, Finlandia y Noruega, ayudaron a levantar el espíritu de un pueblo en épocas difíciles; y nosotros llamamos a nuestros héroes "folclóricos". Bendita ignorancia...