Acostumbrado ya a los 40 grados que se respiran en esta, mi Sevilla de mis amores, no me queda otra que resistir a golpe de aire acondicionado y filosofía, pensando que si esto es junio, no quiero ni pensar en agosto...
A la gente se le quitan las ganas de hablar y de pelearse con el calor (¿o la calor?) y estamos muuucho más tranquilitos. La crisis que tanta guerra dió al principio de los exámenes parece que nunca hubiera existido. A pesar de las últimas declaraciones del Presidente Trichet del Banco Central, aquí no se ha oído ni una mosca. Los populares han dejado los libros y las mochilas en Valencia tras el Congreso Nacional, y Rajoy se ha ido a la playa sabiéndose candidato (ha pasado limpio al siguiente curso). Le ha dado un premio a sus amiguetes de siempre, y ha castigado a los que tuvieron mala actitud en clase; y sin más parafernalia, los ha mandado de cabeza a Benidorm.
Peor le ha ido a nuestro presidente, que tras unos cuantos sustos, tendrá que estudiar este verano para septiembre en Moncloa. Entre los transportistas, el desabastecimiento, los medios que se le echan encima y demás detallitos sin importancia; al pobre lo traen por el camino de la amargura. Menos mal que la Ministra Aído ("miembros y miembras de esta asamblea"), se queda con él en Madrid tostándose al sol de la Castellana cual lagarto. A otra que le ha quedado lengua...pero que les voy yo a contar a mis compañeros periodistas que no sepan.
Hace semanas que no se oye hablar de trifulcas de verdad... y ahora va el pleno vasco y le aprueba a Ibarretxe lo del referéndum. Por Dios, que estamos en verano, ¿es qué los independentistas nunca descansan?. Y pensar que el tema de nuestra prensa local es la gente que se queja del botellón...A veces ya no se sabe quienes son los que beben y quienes no.