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lunes, 29 de octubre de 2012

Granada tags


Muchas veces, cuando vuelvo de un viaje, y más si es tan intenso como este último, con pocos momentos para coger aire y pensar, se me vienen a la cabeza ideas en forma de tags de blog. Como temas o frases que dicen más solo dando pinceladas que exponiéndolos, como si estuviera mejor así. Ideas que pasan por mi mente, y que prefieren quedarse solo como un bombardeo doloroso y festivo de aspectos concretos. Esta es la nube de tags de este viaje.

El café antes de salir bebido en dos buches. La historia del triángulo y el paso hacia la caja china. El sol reflejándose sobre la nieve en la sierra. Los postigos de madera en las ventanas del santuario. El Paseo de los Tristes bajo el agobiante cielo espeso de nubes. El qué dirán. Los diez cigarrillos buscados en la puerta de la taberna y el porqué de la grandeza de la música de Mozart. Los gin tonics de media tarde. El pacto de no-agresión y la tregua firmada con un apretón de manos. La llovizna al bajarse del coche.

La sonrisa de los voluntarios al rememorar lo que han cambiado sus vidas. El móvil rugiendo de tanto tuitear. El #EncuentroVoluntarios. "¿Dónde coño duerme Marta?". Las medias noches preparadas a las siete de la mañana para que estuvieran tiernas. El hombre de la tarta que nos deja a Quique y a mí con las ganas. Las lágrimas en la capilla. La botella con un mensaje dentro.

La luna reflejada en los cristales del santuario al rozar la medianoche. El abrazo. La inseguridad y las siete horas de sueño que nos mantuvieron vivos todo el fin de semana. La escalera de madrugada que guarda el secreto. Bailar salsa. Los mensajes que no vinieron en una botella. Las risas en las presentaciones. La paellera que no cabía por la puerta y la cola para disfrutar de la barbacoa. La presidenta y la otra presidenta.

Las dos tartas heladas y el número 23. Ver cómo el más echao palante se pone colorao cuando le cantan el 'Cumpleaños Feliz'. El pasado y el presente. El pregonero joven de la Semana Santa y el paseo con Fidel y Loreto hasta Plaza Nueva. El compromiso y el vértigo de ver que no hay marcha atrás. "Enamorado de la moda juvenil". El encargo del obituario que llega durante la cena. La mala cara al despertar.

La desconfianza. Las conversaciones que sustituyen a las siestas por muy cansados que estemos. La vista hermosa de las cubiertas del santuario que hasta duele. Instagram. La canción en francés en el coche de vuelta. La rueda que vuelve a poner el contador a cero y que provoca que el ciclo vuelva a empezar. La conversación inesperada en el baño que pasa de una frase a 20 minutos. AS y esa nueva visión de la vida.

Compartir y sentirte parte del proyecto. La gente que pasados cinco años en silencio se convierten en una buena compañía de nuevo. La terraza de Los Jerónimos y los vellos de punta por el frío. La luz de tus ojos y tu voz que hipnotiza cuando susurras. Kaliche para todos. Cantar con la garganta destrozada. La foto-lluvia en el photocall de Galería. El sueño y la extenuación. Comprender que no hay que criticar tanto a la luz del mundo, sino empezar a meterle combustible a tu candil para empezar a dar luz tú también. Decir 'Nosotros' en lugar de 'Yo'. Cuestionar la altura de la catedral. Las estampas del Gran Poder que fueron de viaje conmigo y no volvieron.

La confianza como pilar fundamental para sentirte vivo y útil. Ser menos tajante. El frío. Los ronquidos y dormir con 'los vocales' en el cuarto. El cuaderno del Espino con mi nombre con la cubierta llena de mierda de tanto llevarlo de un lado a otro. El jardín chill-out. El americano borracho que nos suspira en la cara al pasar. La sede del Granada Hoy cerrada. La llamada a la puerta a las seis de la mañana. La melancolía del regreso. La mirada como herramienta certera de lectura del alma. Cuidar del niño.. y de la niña. Estrella de Galicia en la tierra de la dulce Alhambra. La amistad. La incomprensión. El hombro listo para ser usado. La llave y las correcciones de Shakespeare.

Granada. El reencuentro. La fachada y los cimientos. La tormenta. Las gracias al cielo por haber puesto a ciertas personas en mi camino. La paz y la inquietud. La vida. Y el último abrazo preguntando cuándo será la próxima visita. El abrazo colectivo. Y la esperanza.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

La quinta noche de la magia


Cinco años: el tiempo en el que se hace una carrera (o en el que se hacía una carrera cuando no había llegado la incomprensible Bolonia). Cinco años y sigo sintiendo esa revolución por dentro segundos antes de salir a escena. A esa escena figurada, marcada por el enorme altar inamovible y por la escalinata de piedra que nos separa de una nave inmensa que este año conseguimos llenar de alientos y risas.

Cinco años de conciertos, cuatro años de ilusiones, tres años de la gloriosa fundación de Sevilla 28, dos años de ambición sin límites en forma de teatro musical y un año de masiva afluencia y de récord absoluto. Cuando comenzamos con todo esto nunca imaginamos que llegaríamos a montar algo como 'La vuelta al mundo en 80 días'. Es más que un sueño hecho realidad, es el triunfo de la emoción por encima de todo. Guiones que se escriben a 500 kilómetros de distancia, ensayos que cuadran con las agendas de 40 personas, vestuarios que salen de las agujas de madres convencidas de que esto es algo grande, decorados que son auténticas obras de arte, danzas que cuadran al milímetro en un escenario atípico y con escaleras... Es una locura que vive en nosotros y que ojalá no muera nunca.

Un concierto el de este año para reestrechar los lazos que se dañaron hace tan solo dos meses en una pelea absurda pero necesaria. En una de esas peleas que sirven para que el abrazo sea más sentido cuando acabe todo y no una sencilla e incómoda formalidad. Un concierto en el que fueron, menos de 80 días fueron para prepararlo todo, en un intento casi heroico por darle su hueco a todos aquellos que lo reclamaron. Porque a pesar de revisitar el orfanato en el que nos encerramos cuando no queremos saber nada de nadie, al final hay que proclamar a los cuatro vientos que hay que volver a mirar lo que tenemos delante y afrontarlo con alegría, y por eso nuestra conciencia nos dice:"Vois sur ton chemin". Que si gritamos "Help!" en este coro siempre hay alguien que tenga un hombro listo para consolarte, porque al fin y al cabo todos Vivimos por ella, por la música que nos lo ha dado todo y sin la que el mundo sería un infierno. Y que una vez en noviembre, cada año, nos reunimos, pero eso no significa que no estemos presentes durante el resto del año, porque a este grupo de personas se las lleva en el corazón. No nos hace falta ir a Arabia para poder sentir algo nuevo, porque hay alguien que lo hace todo nuevo por nosotros cada día y solo tenemos que seguir el dictado de nuestro espíritu para tener las fuerzas necesarias para volver al escenario un año más. Y mientras tanto, nos empaparemos de este buen ambiente que nunca falta sea en las frías mañanas de invierno o en las Summer nights que suenan a tintineo de copas y botellines entre risas. Da igual que sea una complicada partitura a cuatro voces de una profana 'New York, New York' o de una espiritual 'Oh happy day!', al final seguimos siendo los reyes, sin corona, esos que gobiernan pero no les interesa la riqueza ni el poder, solo el trabajo bien hecho. Y si algo sale mal, un Hakuna Matata puede arreglarlo todo antes de que nos demos cuenta porque, por encima de todo, somos optimistas.

Ahora que en Madrid todo acaba, que llega el frío invierno y que los Reyes me traerán este año un saco de incertidumbre atado por el lazo de la crisis, me alegro de haber compartido este momento con vosotros. No sé si habrá un próximo aunque, a pesar de las dudas, siempre lo ha habido. Quizá esa música por la que vivimos vuelva a ser mi vida a partir de enero, cuando todo lo que ahora es mi día a día se derrumbe y vuelva con las cajas de libros a cuestas, la arpita que hace un año que no suena en la consagración, la maleta llena de cd's de música clásica, el montón de mis periódicos y revistas y todas vuestras fotos. Y entonces, Dios proveerá y yo me encargaré de que provea. Gracias por este quinto éxito, por esta quinta locura que nos sale bien. Un abrazo virtual y unas gracias inmensas desde Madrid.

sábado, 8 de octubre de 2011

¿Señales del futuro?

Esta noche he visto la apocalíptica (y más mala que un dolor) Señales del futuro. La película de Nicholas Cage adolece de lo que todas las películas faltas de imaginación: nos importa más ver cómo se va a la mierda Nueva York que hacer una posible reflexión. Aquí no hay cambio climático ni eras glaciares, aquí es la muerte por la muerte, no hay nada que hacer si al sol le da por lanzar una llamarada en dirección a la Tierra. Da igual que nos hayamos puesto finos a contaminar y el Protocolo de Kioto. Como si hemos vivido en la sostenibilidad más plena: si al sol le da un siroco, exterminio que te crió.

Pero lo que más me ha llamado la atención -aunque he de admitir que me parece terrible e innecesario el accidente del metro de Nueva York en la estación de Lafayette; tan innecesaria como ver desmoronarse la Basílica de San Pedro con el Papa en el balcón y la plaza abarrotada en 2012- es la música. La primera vez que la ví, no le presté atención, pero después de un año intensivo refugiándome en la música clásica para no perder los papeles, he reconocido esa música que suena mientras vemos la aniquilación de la raza humana.

Es curioso ver la devastación más dolorosa y letal que pueda sufrir el ser humano con una música de fondo tan inapropiada (What the fuck!). Solo tiene una explicación: que en medio de la devastación hayan elegido el segundo movimiento de la Séptima Sinfonía de Beethoven como lo más hermoso que haya podido crear el hombre. Mientras vemos el Empire State arder como si fuera de papel en un segundo (cuéntenlo, no dura más) y a los típicos tontos neoyorquinos que salen en todas las películas saquear una de las bibliotecas más importantes del mundo (ya lo vimos en El día de mañana), escuchamos el arte hecho música, una pieza de unos nueve minutos que roza la perfección pocas veces alcanzada

Entre marcianos hechos de luz, piedras negras y un papel escrito por una niña que atina más que Nostradamus, encuentro esta pieza como lo más salvable de esta película. Si el sol nos va a quemar como un soplete y vamos a acabar hechos cenizas antes de tiempo, yo no quiero saberlo. Lo que no me importaría es que lo último que escuchase fuera este movimiento de Beethoven. Si hay que morir en una barbacoa a gran escala, que la música sea buena por lo menos.

lunes, 28 de febrero de 2011

Ser músico

En uno de mis escasos ratos libres me acerqué el otro día a las inmediaciones del Teatro Real para echar un vistazo a las tiendas, mirar libros de música y disfrutar del sol y de ese corto verano que hemos tenido. Nunca me había fijado, pero sobre el cristal de uno de los escaparates ví un texto hermoso. Me parece el descubrimiento de la vocación por la música más hermoso. Y es nada más y nada menos que el de Richard Wagner. Aquí os lo reproduzco:

"Realmente no sé a qué se me había destinado; solo recuerdo que una tarde oí ejecutar una sinfonía de Beethoven, que a continuación me dió fiebre, enfermé, y cuando recobré la salud, era músico"
Richard Wagner

lunes, 7 de febrero de 2011

Please, don't stop the music

Eterna, inmutable, siempre moderna, embriagadora, sensacional, emotiva y esplendorosa. Por eso mismo, porque es lo mejor que tengo en mi vida, porque me saca del charco cuando estoy de fango hasta el cuello, porque me acompaña cada noche al dormir, porque la Música revoluciona mis constantes vitales y me saca las lágrimas, aquí van mis recomendaciones:

1. Liebestod (muerte de amor de Isolda) de Tristán e Isolda, de Wagner.

2. Grand Finale de la Obertura 1812, de Tschaikovsky.

3. Stabat Mater, de Pergolesi.

4. Evocación de la suite Iberia, de Albéniz.

5. Romeo y Julieta, de Nino Rota.

6. Finale de El Pájaro de fuego, de Stravinsky.

7. Obertura de La Urraca Ladrona, de Rossinni.

8. Sempre Libera de la ópera La Traviata de Verdi.

9. Adaggietto de la Quinta Sinfonía de Mahler.

10. Segundo movimiento de la 7ª Sinfonía de Beethoven.

11. Marcha al suplicio, de la Sinfonía Fantástica de Berlioz.

12. Sueño de Amor (Liebestraum) de Liszt.

13. La Source, de Hasselmanns.

14. Fratres, de Arvo Pärt.

15. Primer movimiento de la Sinfonía Júpiter de Mozart.

16. Dies Irae del Réquiem de Verdi.

17. Concierto para piano nº2 de Rachmaninov.

18. Kyrie Eleison del Réquiem de Mozart.

19. Finlandia de Sibelius.

20. Preludio de Lohengrin de Wagner.

21. Plazoleta de Sevilla en la noche del jueves santo de la ópera Margot de Turina.

22. Te Deum de Tosca, de Puccini.

23. Adagio de Samuel Barber.

24. Farandole de La Arlesiana de Bizet.

25. Sarabande de Haendel.


Esta es solo la primera parte, faltan muchísimas, la historia de la Música es tan antigua y floreciente como el mundo.

sábado, 29 de enero de 2011

Mi vida en mis manos


¿Cuántos años tienen que pasar para que te des cuenta de que aunque tu vida sea solo tuya siempre hay gente que está a tu alrededor y que está dispuesta a tirar de tu carro del día a día? Lo que quizás no termino de comprender es aquello de darle la mano al que ves que tira del carro, de cogerlo con fuerza, atraerlo hasta tí, pegarlo a tu piel, sentir su calor. Cogerle del brazo, elevarlo hasta subirlo al carro, dejarle conducir, darle las riendas y dejarte sorprender por el próximo destino que pisaréis juntos.

Dan igual las piedras en el camino: no hay piedra lo suficientemente pesada como para que no pueda retirarse de la ruta. No hay helecho con unas raíces tan profundas como para no poder arrancarlo de cuajo de la tierra.

Da igual como lleguen los que quieren ayudar a remolcar. Da igual si vienen con una palabra, buscando compañía para ir a tomar una cerveza dándote un toquecito en el hombro, a través de un correo inesperado celebrando tus triunfos y dando ánimos ante los fracasos, con una llamada para saber cómo estás, da igual si vienen con un abrazo expresivo o con un beso sincero. Me da igual lo que pueda suceder, ahora mismo celebro todo lo que me está sucediendo. Cómo pesa el carro que llevo ahora mismo, pero qué de cosas estoy cargando en él. En algún momento pararé, miraré atrás, y veré que lo que remolco son glorias inesperadas, detalles que me pasaron desapercibidos, lágrimas que fueron de emoción y de tristeza, ojos en los que vi la verdad y destellos de neblina de aquellas mentiras que me ayudaron a ser más fuerte.

En el carro llevo el latir vivo de mi presente. El susurro de aquellos que me quisieron y a los que sigo queriendo, el recuerdo de un patio de naranjos de un colegio de Sevilla, de una cafetería con olor a tostadas de Universidad, de una máquina de café de Diario de Sevilla, de una iglesia enorme pero llena de calor y de músicas en voces extraordinarias, de un estudio de radio de Canal Sur, de una ilusión en un viaje efímero a Madrid, de la redacción de un periódico que nunca cesa, de una playa en invierno rodeado de buenas compañías, de un fin de año y un domingo de ramos con los de siempre, de un lunes de feria con los que ahora están lejos...

En el carro llevo el pasado que me lleva a este camino. A este camino, a este carro, a este tiempo. Estáis en todo ello, soy lo que soy por haberos conocido. Soy yo y mis circunstancias, y me gusta.

sábado, 16 de octubre de 2010

Noche de tranquileo psicotrópico


Para una noche que decido no salir a beber para olvidar y apostar por un plan tranquilo, estoy ahora mismo absolutamente desconcertado. Me he ido con Javier después de unas cervezas y desahogarnos por la infernal semana de revista -después de la cual me he dado cuanta de que siempre pringamos los mismos- al cine al Palacio de Hielo. Buscando en El Psís que hoy ni siquiera hemos hojeado la sesión golfa, nos hemos topado con dos opciones: la DiDi Hollywood de la Pataky en la que -palabras textuales de la rubia- no enseña "ni un pezón", o la película sobre la creación de Facebook, La Red Social.

Obviamente, nos hemos metido en la segunda (después de perdernos por un centro comercial medio abandonado) con sendos cubos de palomitas. Resulta que el niñatillo de Harvard que creó el "Me gusta", Mark Zuckerberg, era una mala persona de mucho cuidado. No contento con putear a los dos niños pijos que iban a ser sus socios, deja tirado a su mejor amigo y co-fundador de la red social para irse con el creador del Napster encarnado en un Justin Timberlake al que es muy fácil odiar. Resulta que el tal Mark traiciona al buenazo de su amigo Eduardo, un brasileño bastante buen tío, y se queda solo pero con una empresa que vale 25.000 millones de dólares. Ahí es na.

No contento, llego a mi casa y pongo la tele. A las 2.30 de la madrugada Intereconomía me obsequia con un reportaje enternecedor y nada necesario que intenta mostrar el lado afable y campechano de Franco. Mientras desfilan por la pantalla conocidos del caudillo ensalzando su personalidad entrañable, de fondo suenan mis piezas favoritas de música clásica como la Romanza del Concierto para guitarra y orquesta de Salvador Bacarisse o el preludio de Lohengrin de Wagner. Después querrán que no me indigne. Una noche rara. Miedo me da que suene el timbre.

sábado, 28 de agosto de 2010

La vida más allá de la hora de cierre


La edición europea de El País cierra a las 10 de la noche, la edición nacional a las 11 y las delegaciones entre las 12 y la 1 de la madrugada. Durante estos dos meses de periodismo real, sin simulacros ni ensayos, esas han sido las horas límites que han marcado mi día a día. Jornadas que han llegado a las 14 horas algunas veces, pero que han pasado volando.

Durante estos meses he escrito del pasado común del judío Gustav Mahler y el Richard Wagner al que los nazis le colgaron el injusto sanbenito de ser afín al führer, he contado las desventuras de un niño prodigio inglés que con solo 7 años pinta como un impresionista de finales del XIX, los robos de un 'van gogh' en un museo de El Cairo y de una escultura en bronce de Dalí en la torre gótica de Brujas. He contado como Christie's y Sotheby's se enfrentan por vender al mejor postor la colección de arte contemporáneo de Lehman Brothers, he enseñado a los lectores la magnificencia de la edición de 2010 de los Proms británicos y he cronicado el concierto en la Plaza Mayor de Barenboim con su orquesta del diálogo.

Me he descubierto a mí mismo escribiendo de flamenco de la mano de Arcángel y de la ortodoxia extrema de José Menese, he hablado de películas chinas que revientan la taquilla y del laberinto legal entre el museo Thyssen y un judío de Los Ángeles que reclama un cuadro puntillista de Camille Pissarro que los nazis expoliaron a su abuela a cambio de su vida en el Berlín del 39. He enseñado a la gente por qué la Tosca de Puccini es una de las óperas más hermosas de la historia y las desventuras de un gobierno tailandés creyendo que había encontrado La Atlántida cuando lo que había bajo el mar era un decorado de cartón piedra para submarinistas.

En este tiempo he hablado con los famosos para ver cuáles son sus playas favoritas, he escrito de la primera vez que los hijos de Michael Jackson han ido al colegio tras la muerte de su padre y he entrevistado a la cantaora Mayte Martín. En este tiempo me he ido al pueblo avileño de Iker Casillas a ver la final gloriosa del Mundial con su familia y he recomendado cada domingo qué espectáculos de clásica no podían perderse los madrileños.

Han sido muchas cosas, pero todas un paso adelante. Ahora, escuchando la 'Lacrimosa' del Réquiem de Mozart, del que acabo de escribir para contar los 118 diagnósticos distintos que rodean su misteriosa muerte a los 35 años, me doy cuenta de que quizá me he consagrado en estos dos meses al estilo clásico musical. No es ninguna sorpresa, ayer tuve la revelación mientras pasaba mi último día en la redacción de que he dedicado más de la mitad de mi vida a la música clásica. Suena impactante y te da un escalofrío solo de pensarlo. La mitad de mi vida es más que suficiente para asumirlo como algo del destino.

Creo que somos una de las secciones ejemplares porque los 3 becarios de Cultura hemos respetado nuestro espacio y nos hemos dedicado a trabajar y colaborara entre nosotros antes de pisotearnos en busca de una gloria efímera que solo trae problemas. Ahora volveremos a la escuela, donde chocarán nuestros egos nutridos durante estos dos meses a base de firma y orgullo. Cada día en Cultura ha sido un plus, un añadido a lo que ya era para ser un poco mejor. Una escuela real de cómo funciona algo tan anárquico como la sección de un periódico, un reto en el que tienes que asumir tu lugar y, dentro de él, llegar hasta el límite permitido, en el que cada día se empieza de cero para demostrar por qué estás ahí.

Ahora vuelvo a casa, a la Sevilla que hace dos meses que no veo. Ya hay ganas, como es lógico. Más allá de la hora del cierre solo queda volver a abrir el círculo que volverá a cerrarse mañana a las diez para Europa, a las once para España y rondando la una de la madrugada para Madrid. Día tras día, el rito del reloj que no perdona, para hacer posible que mañana en el quiosco el lector se reencuentre con sus 60 páginas de siempre.

domingo, 22 de agosto de 2010

Quién fuera británico...

Desde que estoy en el master, y más desde que estoy en Cultura, hay un tema que me atormenta. La música clásica es la que menos simpatías despierta de entre todas las artes que pueblan nuestras páginas. A nadie le coge de sorpresa si le digo que siento miedo por esta maravillosa parte del mundo que es la música clásica, que tengo miedo a que todas las demás, la cultura posmoderna, pasen por encima de ella y la aniquilen.

Los hábitos de consumo que nos trajo la segunda mitad del siglo XX nos están haciendo analfabetos musicales. No podemos dar de lado a más de 30 siglos de superación del ser humano a través de la música, no podemos dar de lado a la cultura con mayúsculas. Los británicos lo vieron venir mucho antes que nosotros, como siempre, y ya que tienen la mejor televisión pública del mundo, decidieron crear el mayor festival de música clásica del planeta. Los Proms son el ejemplo de que la cultura del pasado es tan actual como la de ahora mismo.

La BBC programa cada año dos meses de conciertos entre música orquestal, camerística, solistas, folk y músicas del mundo. Y el Royal Albert Hall se convierte en un coliseo vivo, en el que la gente habla y comparte, canta y llora, cierra los ojos, agita banderas... una verdadera fiesta para los sentidos. La última noche de los Proms toda Londres se paraliza: el Royal Albert Hall está a reventar, no cabe un alfiler, y las pantallas gigantes se reparten por toda la ciudad mientras la gente abarrota los parques y plazas para disfrutar de su cita anual con la música que nunca dejará de sonar.

Además, cada año la comisión de los Proms elige a una cantidad que suele rozar la decena de compositores y músicos en potencia para que estrenen con la BBC Symphony Orchestra sus propias obras ante miles de personas. La música se baja de su pedestal y se pone a los pies de su pueblo.

En la última noche de los Proms, se demuestra que la música está tan viva que parece mentira que no salga a las calles cada día. Los himnos del Imperio británico se fusionan con las piezas orquestales de siempre en un festín concebido para toda una nación (he aquí la prueba: se pueden hacer conciertos para 4 aspiradoras y orquesta, y un espectáculo delicioso).



En un mundo ocupado por música comercial hecha deprisa para contentar a unos oídos y un cerebro que prefieren no pensar, en los Proms todo invita a que agilices tus estímulos y formes parte de la fiesta. Cada año distinto, pero cada año brillante. Hay veces que me encantaría sentirme un británico más en el Royal Albert Hall. God save Britannia, a ver si con esta alabanza se nos pega algo...

domingo, 11 de julio de 2010

Comienza la verdadera aventura

De nuevo ejerciendo, de nuevo becario, de nuevo Cultura. Esta vez en El País, escribiendo para toda España, y para los que leen la web desde todas las partes del mundo. Aquí ya no nos andamos con tonterías, hablamos de un periódico, no de las prácticas que no leía nadie que llevo haciendo seis meses. Llega el reto, y un país completo juzgándome, deseando ver un patinazo para decirte lo inútil que eres y que los periodistas no tenemos ni idea de nada. No se dará la ocasión. Escriba en Cultura, Gente o Tendencias, para la web o para el papel.

Aquí os dejo el primer fragmento publicado el pasado jueves. Para leerlo en su sitio original, aquí.

El judío que ganó con su música al olvido

La obsesión de Gustav Mahler por convertir cada concierto en una liturgia a la que se asiste en silencio, le procuró enemigos en los palcos del Teatro de la Ópera vienés. Para la sociedad austriaca ir al teatro era en la época más una excusa para ver a los conocidos y hablar, que para presenciar el concierto.

Mahler solía decir: "Soy tres veces extranjero: un bohemio entre austríacos; un austríaco entre alemanes, y un judío ante el mundo". Tuvo que soportar las críticas de una alta sociedad vienesa que nunca aceptó su pasado -cuando entró a dirigir la Filarmónica de Viena, una de las condiciones que le pusieron fue la de abrazar la fe católica, algo que para el músico fue "un cambio de vestido", según el testimonio de uno de sus conocidos-, y acabó dimitiendo en 1907 para emigrar a Nueva York. En Viena dejó la que fue considerada la mejor orquesta del mundo gracias a su firme dirección y a su estudio riguroso de las partituras para ajustarse lo más fielmente posible a las intenciones del autor.

Nunca olvidó Viena, y a pesar del dolor que le transmitía -en ella vio morir a todos sus hijos, lo que le inspiró para componer las Kindertotenlieder (Canciones a los niños muertos)- quiso acabar sus días en la capital austriaca. Ni siquiera Hitler, que quitó su nombre de la calle vienesa que le dedicaron para rotularla con el nombre de una ópera de Wagner, Los maestros cantores, consiguió enturbiar su memoria. Hitler, a pesar de que no fue contemporáneo de ninguno de los dos compositores, influyó en la imagen posterior de ambos músicos. Colmó de honores al compositor alemán y utilizó su obra como música propagandística de sus conquistas, mientras que hacía todo lo posible por relegar a Mahler -al que odiaba por ser judío- al olvido. Una paradoja, ya que fue el propio Mahler el que se olvidó del antisemitismo que se traduce de los textos de Wagner, para empaparse de su música. Su obra musical a partir de la Tercera Sinfonía está inspirada por el lirismo cromático de la wagneriana Tristán e Isolda.

El cine también se encargó de perpetuar su legado: es el adagietto de su Quinta Sinfonía la que protagoniza el final de Muerte en Venecia, de Lucchino Visconti. 150 años después de su nacimiento y casi un siglo después de su muerte, Mahler sigue siendo uno de los músicos más interpretados del mundo.



Y aquí, lo que publiqué en el periódico y en la web en la sección de Gente. Espero que os gusten.




Deseadme suerte, compañeros.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Algo está cambiando

Será mi paso por el Diario, o será que ahora estoy más informado que antes, pero lo cierto es que Sevilla me está sorprendiendo con la oferta cultural. Vale que no tenemos la oferta cultural de Barcelona, pero es que, señores, no somos Barcelona.

Hace unos meses era yo el primero (y además de manera muy repelente) que despotricaba contra lo que hacía el Ayuntamiento (yo creía que nada) por convertir Sevilla en una ciudad de altura (y no por poner la noria y el Metropol Parasol precisamente, por cierto, proyectos que apoyo).

Sin embargo, será que ahora sí estoy al día de la cultura y por ello estoy que desde julio no puedo cerrar la boca de la sorpresa. Entre el blog de Sevilla Ad libitum y mi consulta diaria a las programaciones de los centros artísticos de la ciudad, no me pierdo una, y lo que me sorprende es cómo hay tanta cosa en Sevilla y yo me la estoy perdiendo.

El Maestranza raro es el día que tiene el teatro libre: conciertos de cámara, ballet, ópera, ciclos, zarzuela, sinfónica, recitales, conferencias, charlas, ruedas de prensa...la sala del Arenal es un hervidero que además, desde que cuenta con la presencia de Halffter, programa una exquisita selección que está elevando tanto a la Sinfónica como al Teatro a un nivel con el que ni siquiera soñábamos (valga de prueba el éxito de De los cañones a las estrellas de Messiaen el pasado jueves). Al Maestranza se le suma el Central, un centro de referencia para todo aquel que quiera estar a la última en cuanto a escena (ciclo de jazz, flamenco, música contemporánea, y por supuesto, teatro); el Teatro Álvarez Quintero, dedicado a la música y en el que Cajasol ha configurado una temporada bien estructurada; el Palacete de Juventudes Musicales en el Parque de María Luisa, que apuesta por conciertos solísticos de jóvenes promesas de la ciudad, la Casa de la Provincia, con los lunes dedicados a los músicos (preferentemente de la Academia de la Fundación Barenboim-Said)...

El teatro no se queda atrás, y además del Festival de Artes Escénicas (Fest) que se celebra en primavera, y de las numerosas salas que apuestan por el teatro independiante como La Imperdible, este año contamos con el recién reabierto Teatro Duque y el nuevo centro de investigación teatral de TNT Atalaya, uno de lo seguros referentes futuros de la escena española. Además por supuesto, de la programación siempre interesante a la par que clásica del Teatro Lope de Vega y de las Atarazanas.

En cuanto al arte... pues qué decir.El Ayuntamiento ha tomado por hermosa costumbre inaugurar las obras terminadas con exposiciones escultóricas a pie de calle. Los sueños de Colón de Gabarrón y las cabezas mitológicas de Igor Mitoraj se pasean por la Plaza Nueva, Dalí se expone triunfante en un Salvador no menos glorioso y las Meninas inauguraron una Alameda remozada y novedosa. Además, hoy hemos podido saber que pronto estarán aquí las esculturas de Rodin que ya decoraron la Calle Larios de Málaga. Y como hito pictórico, las prodigiosas pinturas de la Hispanic Society de Sorolla que albergó el Bellas Artes y que registró un récord de visitas. Todo esto por no hablar de la tercera edición de la Biacs, una cita internacional con el arte contemporáneo que en sólo 6 años se ha transformado en un punto de referencia en el calendario, al igual que la ya concluida Bienal de Flamenco.

La arquitectura no se queda atrás, y proyectos como La piel sensible, la radical transformación de la Avenida de la Constitución y la Plaza Nueva, o la recuperación integral del río como la gran calle de Sevilla, son sueños que, poco a poco, se hacen realidad. Y encma este año hasta tendremos Circo del Sol en invierno.

Con esto no quiero quiero hacer apología de nuestro alcalde, ni lanzar flores a los funcionarios municipales a su paso. Pero hay que agradecer que esta Sevilla se esté adaptando a los tiempos, y que haya eventos más allá de la Puerta del Príncipe de la Maestranza y de los graderíos del Ruiz de Lopera (para mi se sigue llamando Benito Villamarín) y del Sánchez Pizjuán.

martes, 6 de mayo de 2008

MÚSICA PARA SOÑAR (II)

Júpiter, de la suite de Los Planetas op.32 de Gustav Holst


Probablemente mi obra favorita. Definía Holst este movimiento cuarto de la suite de Los Planetas, como "Júpiter, el portador de la alegría". pero creo que es mucho más que eso. El padre de los dioses antiguos depara al oyente una amalgama de colores distintos, de ritmos que llegan al corazón desde los albores del siglo XX. Un siglo confuso y tremendamente cruel, en el que Holst, el misterioso y mágico transcriptor de aquella música de las esferas de la que hablaba San Agustín y antes que él, Pitágoras; daba a la vieja Europa un canto de esperanza, una explosión de fervor.

Júpiter, como parte de una impresionante e irrepetible suite de siete piezas, es la obra maestra del compositor inglés. La obra abre con un batir de alas que hacen de manera impresionante los violines. Mientras, de vez en cuando los metales hacen sonar los clarines de la victoria, las trompetas de la gloria de los tiempos. En el minuto 1 nos transporta a un paisaje floral, casi juguetón, de repeticiones con distintos timbres...hasta que llega a a una parte preciosa en el segundo 45 que nos lleva a una serie de repeticiones que asemejan a los caballos de las tropas del Dios acercándose victoriosos a la ciudad. Rompe entonces en cornetas que dan lugar a una parte sombría que evoca susurros. Es el momento crucial.

La segunda parte de la obra se abre entonces entre una cuerda apasionada, que apura al máximo el arco, casi insostenible, profundo y emotivo como un canto de esperanza. hay luz después de la matanza del hombre contra el hombre, y Holst lo sabe evocar aquí magistralmente. Es imposible no emocionarse si cierras los ojos a partir del minuto 3. Un tema brutalmente hermoso, desgarrador, nos lleva a un estado de fe, de salvación, redención a través del arte: lo único que nos hace verdaderos hombres. Un canto eterno que empieza calmado, como una canción de cuna de una madre que arrulla a su bebé, que va subiendo hasta convertirse en una gloriosa declaración de belleza. Metales y timbales para darle suntuosidad a una melodía perfecta, que hace un ritardando y se queda en el aire esperando...

Vuelve en el minuto 5 el batir de alas, tímido, para luego romper en atronador clamor de trompetas que llevan al Olimpo. Y vuelve la música lenta, que acelera poco a poco como rueda de molino. la repiten las flautas y las maderas, y luego quedamente los trombones. Y entonces llega maravilloso el xilófono, con su sonido de cristal, al que le sigue una pandereta jolgoriosa que nos lleva a las fiestas campestres, y una trompeta que indica que la gloria está cerca. Irrumpen impresionantes los vientos como en un vendaval que se lo lleva todo suavemente, y de repente...nos vemos sumergidos en sonidos de tic-tac de relojes y campanarios, que nos llevan entre tambores de fiesta a un final atronador, que termina en un amanecer de trompetas tremendamente excitante.

Una obra tan completa, que da miedo que la haya podido componer el hombre. Una impresionante declaración de esperanza y un canto tremendo a la vida. Gracias Holst por una maravilla como esta.


jueves, 1 de mayo de 2008

MÚSICA PARA SOÑAR (I)

La muerte de amor de Isolda,de la ópera Tristán e Isolda de R.Wagner




Es curioso que la entrada que inauguró este blog hablara de Wagner, y que hoy vuelva a él para empezar una sección que llevo soñando mucho tiempo.

Imagina que desde tu nacimiento el azar te hubiera predestinado a amar incondicionalmente a alguien, pero los hombres te han fijado, también desde tu nacimiento, tu boda con alguien que no amas. Y de repente el azar mismo quiere que te encuentres en el camino hacia la boda fijada con tu media naranja. Pero ninguno de los dos lo sabe, y a través de un hechizo, dos personas que en principio se odian acaban amándose. Es la historia de Tristán e Isolda: Tristán, que odia a Isolda porque la considera una estirada, lleva por orden de su rey a la princesa a Alemania, para que se celebren las bodas reales, pero un brebaje preparado por la dama acompañante de Isolda, hace que Tristán e Isolda queden condenados para siempre a través de un amor verdadero. Una noche de pasión el Rey los pilla, e hiere de muerte a Tristán, quien se retira a su castillo a morir...

Tristán se muere poco a poco, y sólo la llegada del barco de Isolda puede hacerlo revivir. La flauta del pastor avisa a lo lejos de que un barco hay en el horizonte. Tristán vence su propio cansancio y corre hasta la playa. Al llegar a los brazos de Isolda, cae muerto...la tragedia hace que la princesa se desmaye. Pero eso no es todo, un segundo barco llega a la costa: es el Rey. Isolda despierta junto a su amado muerto, y el Rey le comunica que es libre de vivir con el hombre que ama. Pero ya es tarde...

Ahí es donde empieza el fragmento del que vamos a hablar.

¿Habéis oído hablar alguna vez de alguien que se haya muerto de amor? Debe ser lo más hermoso que existe. Tener tanto amor en tu pecho, sentir tal éxtasis, que tu cuerpo no lo soporta, y tu alma se escapa a otro lugar infinito en el que encontrarte con la persona amada por toda la eternidad. Eso es lo que canta la princesa Isolda en ese magistral movimiento de la pieza de Wagner. El amor incondicional. Se muere de felicidad, maravillada por la hermosura de Tristán.

Wagner utiliza una progresión eterna, nunca para de subir hasta que alcanza una tesitura impresionante en la que las cuerdas de la orquesta vibran como un batir de alas de ángeles, es el éxtasis de Isolda, que siente como su alma explota dentro de ella. Isolda se transfigura, sale de sí misma y su cuerpo muerto se desvanece sobre el de Tristán. Ella canta al final: "En la masa de olas, en el torrente de sonidos, en el gran Todo del aliento del mundo, ahogarme sumergirme...perder la conciencia...¡suprema felicidad!".

La muerte más hermosa de la Historia de la Música en 7 minutos de verdadera gloria. Es de esas piezas que hacen que el corazón vaya más rápido, que se te pongan los vellos de punta. Aguantad hasta el final, porque merece la pena esperar a que Isolda ascienda a la felicidad eterna.

Si lo buscáis, está en Youtube, pero se oye regular. El nombre alemán para "muerte de amor" es Liebestod (así lo encontráis seguro...). Escucharéis primero a Isolda lamentarse por la muerte de Tristán, y luego la sentiréis acelerarse como la que ve cerca el final. El volúmen de la pieza va subiendo hasta un fortíssimo que desgarra el alma, para el cual tendréis que respirar hondo si no queréis hiperventilar...os lo aseguro. Tras tres minutos y medio de Isolda intentando asimilar la muerte de Tristán, oiréis tres sforzato de los volines seguidos, y luego empieza la progresión de la orquesta cada vez más aguda hasta culminar en el éxtasis de la princesa y su calmada muerte en la que se entrega al amado por entero.

Una pieza de cinco estrellas muchas veces olvidada. ¡Espero que la disfrutéis y que mis esfuerzos no sean en vano!.