lunes, 30 de noviembre de 2009

Que cuando me vaya...



En directo no pude disfrutarla como merecía, ni entendía la letra entre tanto micro y bafle, ni me concentré en las imagenes ni en vuestras caras como lo hago ahora. No pensaba poder disfrutar ese momento de nuevo, pero lo acabo de escuchar y me acabo de desmoronar, algo que no quería, porque ésto abre la puerta a un mes de suspiros mientras hago las maletas que intentaba postergar lo más posible.

Acabo de recordar los cálidos abrazos en la sacristía, las sonrisas de la fiesta posterior, las palabras hermosas en la noche flamenca de caja y guitarra... y ahora lo veo todo como si lo viviera de nuevo, pero percibiendo cada detalle. Qué bonita noche, qué necesaria esta entrada en el blog que complemente a la anterior, qué lentito soy para captar la dimensión de las cosas, qué maravilla escuchar vuestras voces sólo para mí sonando fuertes, porque aún no me puedo creer que me merezca esto.

Vosotros me cantásteis esta canción con la letra cambiada. Creo que tengo que devolveros el detalle, así que ahora os narro yo a vosotros mi propia canción. Ahí va:

Nunca pense que llegaría,
nunca creí en ese momento,
me cambia la vida
y no tengo nada para seguirla,
no quiero acordarme
de lo que me olvido...

...y me despierto un buen dia,
y ya estoy en Madrid.
Miro hacia atrás, veo vuestras caras,
las que en mis ojos grabé,
y os mando besos desde lejos
y ya os quiero volver a ver,
tantos recuerdos tatuados
a risas en mi piel,

mis lágrimas de ayer,
son por esos momentos
que ahora añoro en este tren...

Que cuando me vaya
no caiga una lagrima por mi,
que solo quede la amistad,
tantos sueños que recordar...
Que cuando me vaya
y vea vuestra foto una vez mas
pueda escuchar la veintiocho
por mi coro de verdad...

Que cuando me vaya de aquí,
de mi tierra, de mi gente,
de mi tierra la que me vio nacer
la que me vio crecer
la que me vió ganar
y me enseño a perder...

Que cuando me vaya
no caiga una lágrima por mi,
que solo quede la amistad,
tantos sueños que recordar...
Que cuando me vaya
y me entren ganas de llorar
sienta cercano vuestro abrazo
porque sé que es de verdad...

Que cuando me vaya
no caiga una lagrima por mi,
que aún nos quedan muchos más
aventuras que disfrutar...


Que cuando me vaya, no caiga una lágrima por mi, porque parte de vosotros se viene conmigo...

domingo, 29 de noviembre de 2009

Conciertazo!!


Más lecciones. Mientras yo me esmeraba durante toda la semana a montar mi propia película de cómo el concierto se arruinaría y no se parecería en nada a lo que había montado en mi cabeza, los músicos a los que llevaba una semana acribillando a correos, dándoles toques para que se conectaran al Msn o pillándolos a traición por el chat del tuenti; se dedicaban a hacer todo lo posible para construir lo que ha sido un triunfo.

El concierto de Sevilla 28 tenía todo para que no fuera lo que esperaba: el colegio contraatacaba con un concierto a la misma hora de antolgía de zarzuela, el evento engañaba con la gente real que iba a venir, no había tiempo para ensayar y temía que mis propuestas no llegaran a buen puerto. Pero lo hemos logrado. El triunfo ha sido en todos los sentidos: AS tiene una recaudación gloriosa para llevar a cabo sus proyectos, nosotros una noche magnífica en la que hemos disfrutado con lo que más nos gusta, la Música; y el público, que ha superado las 400 personas un espectáculo para recordar. Un concierto en el que las bicicletas corren por las naves de la iglesia arrojando confetti a la luz de 'La vida es bella' y los mafiosos miembros de una orquesta se asesinan los unos a los otros mientras interpretan 'El Padrino'. Una locura que ha resultado un acierto. Hay que tener fe.

Y después una noche de sonrisas merecidas. Como ya me dijeron una vez, los coros son el reflejo de las comunidades que los forman. Y Sevilla 28 es símbolo de una Sevilla que vuelve, que canta, que ríe, que hace llorar de emoción y entretener como si volvieran a ser niños. Normal que sonriamos. Nos ofrecen ir a Madrid a demostrar de lo que somos capaces con otro concierto y nos proponen grabar el repertorio de ayer en un disco. ¿Qué más se puede pedir? Hoy el orgullo se me sale por las orejas, y sólo me sale decir gracias, gracias y gracias.

martes, 24 de noviembre de 2009

(Otra) Reflexión en voz alta

Últimamente me puede la ira, la rabia, las ansias, la angustia, la cólera, el nerviosismo, el odio, la desgana, el cansancio, las disputas, los encontronazos, las discusiones, los giros de opinión, el descontento... y de vez en cuando exploto, precisamente con la menor tontería.

Quizá será que las cosas nunca salen como quiero, y se quedan sólo en aceptables. Me pregunto si los sueños que se convierten en aceptables no son acaso más un fracaso que un triunfo. Quizá es que se me acaba el tiempo y tengo tantas cosas por hacer, que no me importa lo que me lleve por delante. Qué poco queda... y cuantas emociones en el aire...

lunes, 23 de noviembre de 2009

No quiero pensar

Si pienso se me viene el mundo encima. Si me olvido del presente y me planto en el futuro trasladándome a esa visión hipotética que puedo formar con los datos que tengo, me desmorono.

Los ratos de ocio ya no son tan relajantes ni pasan tan rápido. A poco que siento el silencio, la cabeza empieza a darme vueltas y vueltas. Me veo a sólo un mes del cambio más radical de mi vida hasta el momento. Y siento que cada instante lo vivo con una angustia existencial, como si fuera el último. Ya hasta las alegrías me dejan una sutil resaca de nostalgia, como si cada ocasión fuera una despedida. Y como he dicho, aún queda un mes para concienciarme. No de que me voy a Madrid, ni de que voy a vivir solo. No. Eso no es tan importante. Tengo un mes para concienciarme de que esto es un 'hasta luego', un 'hasta mañana', y no un 'adiós'. Tengo un mes para llenar mi maleta de recuerdos tan vivos y plenos que aplasten en el fondo de esa maleta el dolor.

Necesito saber que, cuando vuelva, no sólo todo seguirá igual, sino que algunas cosas irán mejor. Y sé que llegará un momento en que lo conseguiré. Ya estoy en tratamiento, y por ahora sigo siendo el mismo nostálgico de siempre. Poco a poco, Miguelito, poco a poco. Las espinas duele más sacárselas cuanto más cerrada está la herida. Yo no quiero cerrar la herida, sólo sacar la espina. Dejar aquí, en mi cuarto, álbum vivo de mi existencia, lo que me hiere profundamente, el miedo irracional que me da ganas de saltar del tren en marcha antes de salir de la estación.

Pero me llevo las heridas, y como decía Antonio Gala, hago como el cautivo que, por amor, no duda ni un momento en besar sus cadenas. Las heridas abiertas, a merced de la brisa que me ayuda a recordar que están ahí. Y en cada herida una historia, una lágrima, un 'te quiero', un 'lo siento', una canción 'a capella', o un mail fruto de la sinceridad más elocuente y emocionante.

Como me dijo un amigo, este 'buey mudo' (en analogía con aquel santo de Aquino que tanto nos legó) sigue embistiendo desde este blog, que últimamente se convierte en el camino más corto hasta los que me rodean, y en la contraseña secreta para descifrar lo que significan mis silencios.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Metro de Madrid


Línea 1_ Bilbao. Allí comenzó todo. La primera vez que prometí allá por mi segundo espino, que iría a Madrid, resultó en mi primer viaje solo junto al Numa a la capital de España hace ya siete años. Apenas conocía a aquel chulillo con acento 'Canto del Loco' llamado Sergio, y sólo de cafetear conocía a una Laura a la que nuestro viaje a la inversa le resulta ya más que cotidiano. Mi primera visión de Madrid fue nocturna, en un octubre más frío de lo normal, al salir de una boca de metro en la Glorieta de Bilbao. Posiblemente es la imagen que me hizo enamorarme de Madrid: las luces, la suntuosidad de los edificios, el aire frío que me azotaba el cuello, la amplitud de las avenidas. Todo. Rosa nos recibió en su propia casa y nos llevó a un Starbucks (en aquella época era impensable ver uno en Sevilla), y allí me reencontré con una de las personas que para mí le dan sentido a llorar cada año en la despedida del Monasterio de Burgos que tan bien conozco. Bilbao me abrió los ojos a la ciudad maldita que llevó persiguiendo desde que comencé la carrera, y a la que el pasado viernes le gané la partida
.
Línea 2_ Sevilla. Parece mentira que s
ea yo el que abandoné la ciudad donde he pasado toda mi vida. Como una especie de transposición, éramos nosotros los que el pasado septiembre nos hacíamos la foto con Belén en la calle Madrid, aledaña a nuestra Plaza Nueva. Ahora soy yo el que va a la capital a hacerse la foto con una parada de metro llamada Sevilla. Me vuelvo loco sólo de pensar que dejo aquí los símbolos que forman parte de mi imaginario, el único que tengo, el único que he conocido. Dejo atrás, como ya dejó Cristina hace un año, el frescor de las riberas del Guadalquivir, la sensación del adoquín bajo los pies por la Cuesta del Rosario camino de la Alfalfa, el bullicio de San Jacinto al caer la tarde trianera, el olor a incienso del puesto cartujano de la esquina de Tetuán... todos los tópicos y lo que no son tópicos de una ciudad que ha sido mi pasado y que aún es mi presente, incierto presente que me catapulta a la meseta, al frío seco de diciembre y a la noche desangelada (allí, todo es a lo grande, y los encuentros casuales cuando sales de marcha, casi imposibles). Cierro los ojos e intento grabar en este mes que me queda el skyline de esta gloriosa urbe, para no olvidar quién soy: de la esbelta Giralda a la simetría de las torres de la Plaza de España, de la verticalidad de los puentes de la Expo a la irregularidad de las espadañas en el casco histórico.

Línea 3_ Plaza de España. De manera figurada, realmente Madrid es la plaza mayor de España. En ella confluyen los caminos, que en esta ocasión no conducen a Roma. En ella ponen la mirada muchos periodistas que, como yo, sueñan con participar en las redacciones de los medios nacionales. El camino para la prensa siempre conduce a Madrid, o si acaso, más lejos. Madrid es La Meca para aquellos que nos escondemos tras las hojas tintadas en blanco y negro. Madrid será, si Dios quiere, la prueba de fuego.

Línea 4_
Alonso Martínez. La parada más utilizada en la última visita. Junto a Alonso Martínez estaba el Burger King en el que se produjo el episodio del móvil de Mary Jane, allí tomé el metro para mi entrevista en El País, allí compramos las provisiones para el almuerzo en el Retiro, visitamos la tienda Fox, y allí quedé con Sergio después de mi primer exámen. Alonso Martínez puede decirse que es la entrada más sentimental del metro, la accesible, a pesar de estar rodeada de andamios. La única desde la que sabemos el camino a "casa". Subiendo por Sagasta, la segunda a la derecha toda hacia arriba hasta el piso de 'Friends'. Qué recuerdos...

Línea 5_ Suances. El destino. El futuro. La parada de la línea verde esperanza que me lleva hasta la Escuela del master. El sueño que creía que no se cumpliría, que ha resultado cumplirse, a pesar de que yo no lo haya asimilado aún. El destino, como decía, de mis pasos, en este año que entra. Suances es la parada desconocida que no me sonaba de nada, pero que me conduce hasta la calle Miguel Yuste, donde residiré mañana y tarde a partir de enero. ¿Miedo? Más del que pensaba.

Línea 6_ Méndez Álvaro. La línea circular de Madrid que no da vueltas es uno de los símbolos de que en Madrid hay mucho de sorpresa y deja poco espacio a la planifica
ción. La parada de metro alberga sobre sí misma la Estación del Sur de autobuses, lo primero que pisas de Madrid si eres un estudiante y optas por un viaje baratito de 7 horas desde Sevilla. El lugar al que más deseas llegar y del que más pena te da marcharte. Es el principio y el fin de muchos reencuentros, son las lágrimas y las sonrisas del que ve una cara amiga bajar del autocar, y es el amargo sabor del adiós que empaña unos ojos hasta volverlos vidriosos. Es la frase exagerada de aquella que prefiere que su novio no venga con tal de no tener que pasar por el sufrimiento de decirle adiós.

Línea 7_ Avenida de América. Fue antes de marcharme al Espino. Era
una utopía. No pensaba siquiera en que algún día consiguiera hacer de aquella red subterránea una realidad cotidiana. Y ahora, cuando menos lo esperaba, se cumple. En aquella parada me quedé atascado en el torno, porque con el arpa celta colgada a la espalda, no podía cruzar la estrechez de la plataforma metálica. Al otro lado, David, Mari Ro, Santi y Cris. Qué distinta aquella estancia de esta última, a pesar de que sólo las separaban 4 meses, cuántas cosas habían cambiado y qué de actitudes trastornadas por sabe Dios qué, por dejarse llevar por la especulación y no hablar cuando hay que hablar. Qué de cambios...


Línea 8_ Nuevos Ministerios. Hasta allí me llevó el Cercanías tras el segundo exámen del master, vacío casi como sábado que era. Estaba dentro y no podía evitar recordar aquellos trenes del 2004, aquellos trenes desgarrados que marcaron un antes y un después en la Historia de este país. Aquellos trenes que se llevaron por delante la alegría de todo un país, que hizo que temblara Europa con el dolor más penetrante que puede sentir una sociedad: la de saber que son tan frágiles, que se les puede matar por centurias aunque no tengan nada que ver con un conflicto que parecía lejano.

Línea 9_ Plaza de Castilla. Nunca
en mi vida me he montado en la línea morada, pero pasa por el eje de comunicaciones y transportes de Plaza de Castilla. Cerca de allí está Félix Boix, una de las parroquias de Madrid donde asistí a aquel curso de voluntariado. Parece que ha llovido tanto desde entonces... Lo único nuevo que ahora veo es lo que me enseñó Andriu aquella mañana de octubre en coche, el tremendo obelisco de Calatrava, una pluma dorada que rellena el triángulo de las Torres Kio. Me parece arrogante, y que no pega con este Madrid al que amo. Es hiriente, como un tremendo puñal, doloroso. Aquella mañana en el coche supongo que mi piloto notó mi cara de asco cuando lo ví. Era una representación de arrogancia de otra época, que no encaja con mi visión utópica de esta ciudad. Lo borro de mi imaginación: no quiero recordarlo.

Línea 10_ Santiago Bernabéu. Con nostalgia, no puedo negarlo, recuerdo a mis compañeros de deportes en Canal Sur. Y seguro que están orgullosos de mí, porque esto es un gran paso. No se lo he contado a nadie, pero cu
ando me preguntaron en la entrevista por periodistas de referencia, no me fui por las ramas: entre los citados puse a mis compañeros de deportes de los que tanto aprendí. Con nombres y apellidos. Probablemente no supieran quiénes son, no tienen nombres conocidos ni salen a menudo en la televisión hipermaquillados, pero son mis mentores, son los que me dieron la palmada en el hombro y la guantá, cuando me internaba en el desconocido mundo del deporte. Para mí son modelos, porque llegan cada día a su trabajo ilusionados, enamorados de la radio como el primer día, y para mí eso es la Vida.

Línea R_ Ópera. Y me queda la nostalgia, ese saber que dejo de pertenecer a Sevilla28, que dejo los proyectos interrumpidos, congelados en hielo. Y dejo la música que en Madrid sale del Teatro Real, de la Ópera, y de tantos otros sitios... pero no es Sevilla. Y cada domingo a las 18.30 miraré el reloj y desde Sevilla, mi Salvi no sentirá el calor de mis dedos. Y ya no habrá bandas sonoras de fondo en la consagración, ni señales de entrada en las canciones con la cabeza, ni miradas cómplices entre los instrumen
tistas, ni gestos de felicitación a los solistas. Y miraré la página web, aquel sueño que gracias a Candy y Mari Ro hicimos realidad, y escucharé el disco, aquel que pretende resarcirnos del mal sabor de boca del disco del 25 aniversario del Espino para el que ni siquiera existimos, aquel en el que pretendemos demostrar que Andalucía (Granada y Sevilla) inician una nueva etapa en la que reina la concordia y la estrecha hermandad. Y me dejo la mitad de mí en ese coro al que me aferro como a un clavo ardiendo, y prefiero no creerme que me voy, porque tengo que montarme en este vagón al que tanto me ha costado acceder, pero me va a doler darme cuenta todo lo que me dejo en el andén. A los que me dicen, cabreados, que no se alegran de mi marcha, cabe decirles que en cierto modo, yo tampoco. Pero los trenes sólo pasan una vez, y esta vez no puedo quedarme en tierra.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Cómo dejé de diseñar mi vida


No sé en qué momento exacto me dijo Chema que las series deberían formar parte de nuestra idiosincrasia cultural, ya que si el cine merecía ser llamado el séptimo arte, las series televisivas formaban también un paradigma cultural adaptado a las industrias televisivas de hoy en día y a los modelos de demanda de las audiencias.

Resulta que la única serie que tenemos en común es una comedia magnífica, sencilla, tremendamente divertida y original. 'Cómo conocí a vuestra madre' se perfila como una sitcom quizá vagamente inspirada por el espíritu de 'Friends', con personajes carismáticos y una trama loca que guarda un trasfondo real como la vida misma.

Y resulta que hace unos minutos estaba sentado en el sofá viendo un capítulo de la cuarta temporada, cuando de repente, el final del capítulo me da una lección insospechada. Y me encuentro a Lily dándole una lección a Ted. Ted se empeña en ser arquitecto a toda costa, pasando por lo que tenga que pasar, y la vida no para de darle palos. Y Lily, al contrario que en todas las series, da un discurso en el que nos cuenta que los sueños de juventud pueden o no hacerse realidad, pero que si llegamos a obsesionarnos, sólo conseguimos perjudicarnos a nosotros mismos.

El personaje continúa diciendo que no se puede diseñar la vida y esperar que todo salga como en el plan que hemos hecho. Hay que vivir, atreverse a dar el salto y continuar escuchando las señales que lo cotidiano nos manda, arriesgar dependiendo de cada momento, dejar que la vida se diseñe a sí misma y que seamos nosotros los que vayamos encauzando el camino.

De pronto, me quedo pensando y me doy cuenta de que esta visión, esa posibilidad no la había contemplado. Quizá a veces me empeño en el mismo sueño y no me doy cuenta de que existen otras facetas magníficas por explotar. Al final vas a tener razón y las series sí que contienen, como decías tú, no sólo rasgos de calidad literaria e ingenio, sino también aportes para la vida a este lado de la pantalla. Sorpresas te da la vida...

lunes, 9 de noviembre de 2009

Reflexión en voz alta

Si me ofreces una responsabilidad y la acepto, déjame ejercer mi labor;
si me dejas la posibilidad de organizar, déjame hacer las cosas a mi manera;
si me ves decepcionado, no me ignores, abrázame;
si me escuchas suspirar más de la cuenta, sonríeme;
si me dejo la piel en algo, no rompas mis sueños de golpe, a ninguno de los 2 nos hace bien;
si tienes algo importante que contarme, dímelo sin rodeos;
si crees que debes pedirme disculpas, hazlo y deja tu orgullo en la puerta;
si crees que te he hecho daño, no me odies, pídeme explicaciones;
si me haces un comentario hiriente y me quedo callado, da por hecho que no has elegido el mejor momento;
si crees que me pasa algo, no dudes en preguntármelo una y otra vez hasta que te lo cuente;
si crees que no me conoces, esfuérzate y no me prejuzgues;
si me cabreas, prepárate, si saco el genio algo habrás hecho;

si crees que esto no va por ti, abre los ojos y vuelve a leerlo.