Ya hace unos días. Unos días en los que se esconde. Unos días en los que me recorre un escalofrío por la espalda y no sé por qué.
Ha sido una semana en la que he dejado de entender, en la que me he obcecado, en la que no he sabido leer lo que tus ojos parecían clamar. No se lo que se oculta detrás de la miel de tu iris, pero sé que es como un espíritu en apuros que pide auxilio, pero al que nadie oye.
No sé si te escondes, no sé si simplemente rehuyes. No quiero pensar que pude ser yo, el tranquilo, al que le cegó la ira y se dejó llevar por demasiada cafeína y mucho cansancio. Normalmente me quedo callado, esperando en silencio a que venga la palabra mágica que sepa arreglar el problema. Pero se me van las ideas por esta estúpida boca que no piensa a veces lo que dice.
El rincón se ha quedado oscuro porque no me dejas averiguar que me dejé olvidado en tu mesa que tanto te atormenta y que yo no he echado en falta al regresar a casa. La mesa en la que solíamos sentarnos se quedó vacía, porque no tenemos tiempo de sentarnos, y bebemos de pie el líquido de nuestras mañanas, la cafeína de nuestra incesante rutina. El café ya está frío, porque quizá me levanté antes de tiempo y di un portazo sin preguntarme si hubieses querido decirme algo más.
A veces necesito escribir y preguntarme. A veces se me saltan las lágrimas con que me dediques una sola mirada, y no sé el porqué. Y llego a casa y me siento mal, y no se porqué. Y pienso si en algún momento me traicionó el subconsciente y te dije algo que mi ira me llevo a pensar. Y doy vueltas en la cama antes de dormir, y me falta el aire. Y es que así soy yo, aunque no lo sepas. Me palpita fuerte el corazón y sé que no estás bien, pero no sé nada...sólo intuyo algo...
No sé si son tonterías, como te he dicho, hay veces que necesito escribir. Y cuando anoche sentí tu mirada de nuevo, supe que necesitaba aire...
Te pase lo que te pase, ya sabes donde vive la mente del poeta...
lunes, 19 de mayo de 2008
jueves, 15 de mayo de 2008
Inventemos el futuro
Para los que aún miramos la publicidad con los ojos profanos del que puede emocionarse sin pensar en semiótica ni persuasión, quiero rendir homenaje a los creativos que nos han regalado este maravilloso spot de Repsol.
miércoles, 7 de mayo de 2008
Bienvenidos al Cónclave
No es lo que te crees. De él no sale el próximo Papa. No hacen falta cardenales para formarlo. Es algo secreto. Es algo intransferible. Son los que son y nadie más. Es El Cónclave.
Todo nació un verano. El destino los reunió en un viaje lleno de pruebas que superaron: un reto frente a los 7 pecados capitales!!
Superaron la IRA aguantando con paciencia que la Señora de Andújar les quitara el asiento mientras iban al servicio en el autobús más accidentado de la Historia.
Superaron la GULA, absteniéndose de degustar los sabrosísimos y nada caducados gusanitos que llevaban como ofrenda del jefe de la Congregación.
Superaron la LUJURIA, a pesar de que el hombre que subía la temperatura en Palencia no dejaba de provocarlos.
Superaron la SOBERBIA, a pesar de que unos tenían más experiencia que otros, y se hartaron de pintar pared tras pared de la Casita sin importar lo cansados que estuvieran.
Superaron la PEREZA, y se recorrieron los túneles de la ciudad subterránea de Madrid con la maleta a cuestas, subiendo escaleras interminables y cruzando pasillos sin fin.
Superaron la AVARICIA, y en vez de coger el tren caro a Vitoria que tarda 2 horas y derrochar, cogieron el que hace el tour a velocidad de burra coja por toda Castilla y león y que tarda 5.
Superaron la ENVIDIA, sabiendo que tooooodos los demás habían tenido un viaje de 2 horitas perfecto, mientras ellos llevaban 14 horas vagando por España.
Tras estas pruebas, a la vuelta del viaje, como siempre, parecía que todo se quedaría en un simple juego. Pero aquí estamos. Más fuertes que nunca, y con ganas de cambiar taaantas cosas, que van a temblar muchos de los que nos creyeron inofensivos. Queda así fundada la primera edición del boletín del Cónclave, cuya primera foto insignia os dejo aquí. Hasta el próximo concilio, compiss!!! jejeje...
martes, 6 de mayo de 2008
MÚSICA PARA SOÑAR (II)
Júpiter, de la suite de Los Planetas op.32 de Gustav Holst
Probablemente mi obra favorita. Definía Holst este movimiento cuarto de la suite de Los Planetas, como "Júpiter, el portador de la alegría". pero creo que es mucho más que eso. El padre de los dioses antiguos depara al oyente una amalgama de colores distintos, de ritmos que llegan al corazón desde los albores del siglo XX. Un siglo confuso y tremendamente cruel, en el que Holst, el misterioso y mágico transcriptor de aquella música de las esferas de la que hablaba San Agustín y antes que él, Pitágoras; daba a la vieja Europa un canto de esperanza, una explosión de fervor.
Júpiter, como parte de una impresionante e irrepetible suite de siete piezas, es la obra maestra del compositor inglés. La obra abre con un batir de alas que hacen de manera impresionante los violines. Mientras, de vez en cuando los metales hacen sonar los clarines de la victoria, las trompetas de la gloria de los tiempos. En el minuto 1 nos transporta a un paisaje floral, casi juguetón, de repeticiones con distintos timbres...hasta que llega a a una parte preciosa en el segundo 45 que nos lleva a una serie de repeticiones que asemejan a los caballos de las tropas del Dios acercándose victoriosos a la ciudad. Rompe entonces en cornetas que dan lugar a una parte sombría que evoca susurros. Es el momento crucial.
La segunda parte de la obra se abre entonces entre una cuerda apasionada, que apura al máximo el arco, casi insostenible, profundo y emotivo como un canto de esperanza. hay luz después de la matanza del hombre contra el hombre, y Holst lo sabe evocar aquí magistralmente. Es imposible no emocionarse si cierras los ojos a partir del minuto 3. Un tema brutalmente hermoso, desgarrador, nos lleva a un estado de fe, de salvación, redención a través del arte: lo único que nos hace verdaderos hombres. Un canto eterno que empieza calmado, como una canción de cuna de una madre que arrulla a su bebé, que va subiendo hasta convertirse en una gloriosa declaración de belleza. Metales y timbales para darle suntuosidad a una melodía perfecta, que hace un ritardando y se queda en el aire esperando...
Vuelve en el minuto 5 el batir de alas, tímido, para luego romper en atronador clamor de trompetas que llevan al Olimpo. Y vuelve la música lenta, que acelera poco a poco como rueda de molino. la repiten las flautas y las maderas, y luego quedamente los trombones. Y entonces llega maravilloso el xilófono, con su sonido de cristal, al que le sigue una pandereta jolgoriosa que nos lleva a las fiestas campestres, y una trompeta que indica que la gloria está cerca. Irrumpen impresionantes los vientos como en un vendaval que se lo lleva todo suavemente, y de repente...nos vemos sumergidos en sonidos de tic-tac de relojes y campanarios, que nos llevan entre tambores de fiesta a un final atronador, que termina en un amanecer de trompetas tremendamente excitante.
Una obra tan completa, que da miedo que la haya podido componer el hombre. Una impresionante declaración de esperanza y un canto tremendo a la vida. Gracias Holst por una maravilla como esta.
Probablemente mi obra favorita. Definía Holst este movimiento cuarto de la suite de Los Planetas, como "Júpiter, el portador de la alegría". pero creo que es mucho más que eso. El padre de los dioses antiguos depara al oyente una amalgama de colores distintos, de ritmos que llegan al corazón desde los albores del siglo XX. Un siglo confuso y tremendamente cruel, en el que Holst, el misterioso y mágico transcriptor de aquella música de las esferas de la que hablaba San Agustín y antes que él, Pitágoras; daba a la vieja Europa un canto de esperanza, una explosión de fervor.
Júpiter, como parte de una impresionante e irrepetible suite de siete piezas, es la obra maestra del compositor inglés. La obra abre con un batir de alas que hacen de manera impresionante los violines. Mientras, de vez en cuando los metales hacen sonar los clarines de la victoria, las trompetas de la gloria de los tiempos. En el minuto 1 nos transporta a un paisaje floral, casi juguetón, de repeticiones con distintos timbres...hasta que llega a a una parte preciosa en el segundo 45 que nos lleva a una serie de repeticiones que asemejan a los caballos de las tropas del Dios acercándose victoriosos a la ciudad. Rompe entonces en cornetas que dan lugar a una parte sombría que evoca susurros. Es el momento crucial.
La segunda parte de la obra se abre entonces entre una cuerda apasionada, que apura al máximo el arco, casi insostenible, profundo y emotivo como un canto de esperanza. hay luz después de la matanza del hombre contra el hombre, y Holst lo sabe evocar aquí magistralmente. Es imposible no emocionarse si cierras los ojos a partir del minuto 3. Un tema brutalmente hermoso, desgarrador, nos lleva a un estado de fe, de salvación, redención a través del arte: lo único que nos hace verdaderos hombres. Un canto eterno que empieza calmado, como una canción de cuna de una madre que arrulla a su bebé, que va subiendo hasta convertirse en una gloriosa declaración de belleza. Metales y timbales para darle suntuosidad a una melodía perfecta, que hace un ritardando y se queda en el aire esperando...
Vuelve en el minuto 5 el batir de alas, tímido, para luego romper en atronador clamor de trompetas que llevan al Olimpo. Y vuelve la música lenta, que acelera poco a poco como rueda de molino. la repiten las flautas y las maderas, y luego quedamente los trombones. Y entonces llega maravilloso el xilófono, con su sonido de cristal, al que le sigue una pandereta jolgoriosa que nos lleva a las fiestas campestres, y una trompeta que indica que la gloria está cerca. Irrumpen impresionantes los vientos como en un vendaval que se lo lleva todo suavemente, y de repente...nos vemos sumergidos en sonidos de tic-tac de relojes y campanarios, que nos llevan entre tambores de fiesta a un final atronador, que termina en un amanecer de trompetas tremendamente excitante.
Una obra tan completa, que da miedo que la haya podido componer el hombre. Una impresionante declaración de esperanza y un canto tremendo a la vida. Gracias Holst por una maravilla como esta.
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jueves, 1 de mayo de 2008
MÚSICA PARA SOÑAR (I)
La muerte de amor de Isolda,de la ópera Tristán e Isolda de R.Wagner

Es curioso que la entrada que inauguró este blog hablara de Wagner, y que hoy vuelva a él para empezar una sección que llevo soñando mucho tiempo.
Imagina que desde tu nacimiento el azar te hubiera predestinado a amar incondicionalmente a alguien, pero los hombres te han fijado, también desde tu nacimiento, tu boda con alguien que no amas. Y de repente el azar mismo quiere que te encuentres en el camino hacia la boda fijada con tu media naranja. Pero ninguno de los dos lo sabe, y a través de un hechizo, dos personas que en principio se odian acaban amándose. Es la historia de Tristán e Isolda: Tristán, que odia a Isolda porque la considera una estirada, lleva por orden de su rey a la princesa a Alemania, para que se celebren las bodas reales, pero un brebaje preparado por la dama acompañante de Isolda, hace que Tristán e Isolda queden condenados para siempre a través de un amor verdadero. Una noche de pasión el Rey los pilla, e hiere de muerte a Tristán, quien se retira a su castillo a morir...
Tristán se muere poco a poco, y sólo la llegada del barco de Isolda puede hacerlo revivir. La flauta del pastor avisa a lo lejos de que un barco hay en el horizonte. Tristán vence su propio cansancio y corre hasta la playa. Al llegar a los brazos de Isolda, cae muerto...la tragedia hace que la princesa se desmaye. Pero eso no es todo, un segundo barco llega a la costa: es el Rey. Isolda despierta junto a su amado muerto, y el Rey le comunica que es libre de vivir con el hombre que ama. Pero ya es tarde...
Ahí es donde empieza el fragmento del que vamos a hablar.
¿Habéis oído hablar alguna vez de alguien que se haya muerto de amor? Debe ser lo más hermoso que existe. Tener tanto amor en tu pecho, sentir tal éxtasis, que tu cuerpo no lo soporta, y tu alma se escapa a otro lugar infinito en el que encontrarte con la persona amada por toda la eternidad. Eso es lo que canta la princesa Isolda en ese magistral movimiento de la pieza de Wagner. El amor incondicional. Se muere de felicidad, maravillada por la hermosura de Tristán.
Wagner utiliza una progresión eterna, nunca para de subir hasta que alcanza una tesitura impresionante en la que las cuerdas de la orquesta vibran como un batir de alas de ángeles, es el éxtasis de Isolda, que siente como su alma explota dentro de ella. Isolda se transfigura, sale de sí misma y su cuerpo muerto se desvanece sobre el de Tristán. Ella canta al final: "En la masa de olas, en el torrente de sonidos, en el gran Todo del aliento del mundo, ahogarme sumergirme...perder la conciencia...¡suprema felicidad!".
La muerte más hermosa de la Historia de la Música en 7 minutos de verdadera gloria. Es de esas piezas que hacen que el corazón vaya más rápido, que se te pongan los vellos de punta. Aguantad hasta el final, porque merece la pena esperar a que Isolda ascienda a la felicidad eterna.
Si lo buscáis, está en Youtube, pero se oye regular. El nombre alemán para "muerte de amor" es Liebestod (así lo encontráis seguro...). Escucharéis primero a Isolda lamentarse por la muerte de Tristán, y luego la sentiréis acelerarse como la que ve cerca el final. El volúmen de la pieza va subiendo hasta un fortíssimo que desgarra el alma, para el cual tendréis que respirar hondo si no queréis hiperventilar...os lo aseguro. Tras tres minutos y medio de Isolda intentando asimilar la muerte de Tristán, oiréis tres sforzato de los volines seguidos, y luego empieza la progresión de la orquesta cada vez más aguda hasta culminar en el éxtasis de la princesa y su calmada muerte en la que se entrega al amado por entero.
Una pieza de cinco estrellas muchas veces olvidada. ¡Espero que la disfrutéis y que mis esfuerzos no sean en vano!.

Es curioso que la entrada que inauguró este blog hablara de Wagner, y que hoy vuelva a él para empezar una sección que llevo soñando mucho tiempo.
Imagina que desde tu nacimiento el azar te hubiera predestinado a amar incondicionalmente a alguien, pero los hombres te han fijado, también desde tu nacimiento, tu boda con alguien que no amas. Y de repente el azar mismo quiere que te encuentres en el camino hacia la boda fijada con tu media naranja. Pero ninguno de los dos lo sabe, y a través de un hechizo, dos personas que en principio se odian acaban amándose. Es la historia de Tristán e Isolda: Tristán, que odia a Isolda porque la considera una estirada, lleva por orden de su rey a la princesa a Alemania, para que se celebren las bodas reales, pero un brebaje preparado por la dama acompañante de Isolda, hace que Tristán e Isolda queden condenados para siempre a través de un amor verdadero. Una noche de pasión el Rey los pilla, e hiere de muerte a Tristán, quien se retira a su castillo a morir...
Tristán se muere poco a poco, y sólo la llegada del barco de Isolda puede hacerlo revivir. La flauta del pastor avisa a lo lejos de que un barco hay en el horizonte. Tristán vence su propio cansancio y corre hasta la playa. Al llegar a los brazos de Isolda, cae muerto...la tragedia hace que la princesa se desmaye. Pero eso no es todo, un segundo barco llega a la costa: es el Rey. Isolda despierta junto a su amado muerto, y el Rey le comunica que es libre de vivir con el hombre que ama. Pero ya es tarde...
Ahí es donde empieza el fragmento del que vamos a hablar.
¿Habéis oído hablar alguna vez de alguien que se haya muerto de amor? Debe ser lo más hermoso que existe. Tener tanto amor en tu pecho, sentir tal éxtasis, que tu cuerpo no lo soporta, y tu alma se escapa a otro lugar infinito en el que encontrarte con la persona amada por toda la eternidad. Eso es lo que canta la princesa Isolda en ese magistral movimiento de la pieza de Wagner. El amor incondicional. Se muere de felicidad, maravillada por la hermosura de Tristán.
Wagner utiliza una progresión eterna, nunca para de subir hasta que alcanza una tesitura impresionante en la que las cuerdas de la orquesta vibran como un batir de alas de ángeles, es el éxtasis de Isolda, que siente como su alma explota dentro de ella. Isolda se transfigura, sale de sí misma y su cuerpo muerto se desvanece sobre el de Tristán. Ella canta al final: "En la masa de olas, en el torrente de sonidos, en el gran Todo del aliento del mundo, ahogarme sumergirme...perder la conciencia...¡suprema felicidad!".
La muerte más hermosa de la Historia de la Música en 7 minutos de verdadera gloria. Es de esas piezas que hacen que el corazón vaya más rápido, que se te pongan los vellos de punta. Aguantad hasta el final, porque merece la pena esperar a que Isolda ascienda a la felicidad eterna.
Si lo buscáis, está en Youtube, pero se oye regular. El nombre alemán para "muerte de amor" es Liebestod (así lo encontráis seguro...). Escucharéis primero a Isolda lamentarse por la muerte de Tristán, y luego la sentiréis acelerarse como la que ve cerca el final. El volúmen de la pieza va subiendo hasta un fortíssimo que desgarra el alma, para el cual tendréis que respirar hondo si no queréis hiperventilar...os lo aseguro. Tras tres minutos y medio de Isolda intentando asimilar la muerte de Tristán, oiréis tres sforzato de los volines seguidos, y luego empieza la progresión de la orquesta cada vez más aguda hasta culminar en el éxtasis de la princesa y su calmada muerte en la que se entrega al amado por entero.
Una pieza de cinco estrellas muchas veces olvidada. ¡Espero que la disfrutéis y que mis esfuerzos no sean en vano!.
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Nueva sección: MÚSICA PARA SOÑAR

Para todos aquellos que aman la música aunque no la entiendan, para aquellos que la entienden y necesitan creer en ella, para aquellos que viven por ella, para aquellos que escucharon una vez algo de Mozart y se quedaron con la boca abierta, para aquellos que sienten envidia de los que lloran en la ópera... Para todos ellos esta NUEVA SECCIÓN DEL BLOG: MÚSICA PARA SOÑAR.
Desde mi modesto conocimiento intentaré acercar las obras sublimes de la Historia de la Música a todos los que estén dispuestos a disfrutarlas. ¡Un saludo y espero os gusten!
domingo, 13 de abril de 2008
Feria de ensueño

No miento si digo que esta ha sido la mejor semana de Feria de toda mi vida. Por primera vez no he dejado ni un día de acudir al Real para deleitarme con lo que la que llamamos la "ciudad efímera" podía ofrecerme. Una feria en la que, contra viento y marea, pese a la lluvia, el cansancio y el frío de los últimos días, he vivido cada segundo como si fuese el último.
El lunes del Alumbrao tengo que admitir que el pesimismo estaba haciendo mella en mi ilusión de feriante. El temporal era inminente, y de la Feria pendían los farolillos desgarrados por la inoportuna lluvia de abril. Las casetas vivían el pescaíto con la vista puesta en el cielo, y los paraguas colgando de cada silla sevillana daban coartada a la incertidumbre. Mis periodistas salían conmigo en mi primera noche ante la Feria del Costurero de la Reina, del ahorro energético, y de mi primera entrada a la caseta del PSOE, en la que la "china andaluza", mi amiga Gloria, deslumbró a todos los allí presentes con su atuendo oriental que ella agitaba al compás de las rumbas. Una noche para recordar, por la mojá que cogimos, y por las risas que echamos.
El martes, día de la parro, llegue con mi paraguas abierto al Real de la Feria, con cierta melancolía porque no sabía como iba a discurrir el día. Pero al llegar a la Feria todo se disipó. Un deambular por las casetas, aderezado con el reencuentro con mis compis a los que llamamos "la minipandi", fue el ingrediente perfecto para una noche de alegría, mucho baile, y un poco de locura que nos dejó a algunos con "buen sabor de boca". Genial.
El lunes del Alumbrao tengo que admitir que el pesimismo estaba haciendo mella en mi ilusión de feriante. El temporal era inminente, y de la Feria pendían los farolillos desgarrados por la inoportuna lluvia de abril. Las casetas vivían el pescaíto con la vista puesta en el cielo, y los paraguas colgando de cada silla sevillana daban coartada a la incertidumbre. Mis periodistas salían conmigo en mi primera noche ante la Feria del Costurero de la Reina, del ahorro energético, y de mi primera entrada a la caseta del PSOE, en la que la "china andaluza", mi amiga Gloria, deslumbró a todos los allí presentes con su atuendo oriental que ella agitaba al compás de las rumbas. Una noche para recordar, por la mojá que cogimos, y por las risas que echamos.
El martes, día de la parro, llegue con mi paraguas abierto al Real de la Feria, con cierta melancolía porque no sabía como iba a discurrir el día. Pero al llegar a la Feria todo se disipó. Un deambular por las casetas, aderezado con el reencuentro con mis compis a los que llamamos "la minipandi", fue el ingrediente perfecto para una noche de alegría, mucho baile, y un poco de locura que nos dejó a algunos con "buen sabor de boca". Genial.

Miércoles era el día para reencontrarme con mi Feria de siempre, ir al Real con la gente del cole, con los que han estado ahí toda la vida. La caseta del Chino volvía a resurgir entre jarras y jarras de rebujito, y más de una veintena de personas nos agrupábamos alrededor de mesas con motivos florales, lienzo perfecto para una noche de buenos recuerdos. Gran sorpresa cuando llegaron los madrileños, que le dieron la vuelta a mi corazón dando por cumplida una esperanza. Una noche en la que el cansancio fue haciendo que la cosa se fuera calmando, y por lo que decidí lanzarme con David a visitar a los madriles en la calle de la Portada. Un final de fiesta impresionante en el que se nos inundó la caseta y acabamos limpiándonos los pantalones con una vileda. Los primeros churritos de la Feria fueron la clausura del día.

El jueves, reventado ya por las circunstancias, llegaba la segunda tanda de madrileños. Desde San Gerardo llegarían a las tantas de la noche en un bus que a muchos traía reencuentro con el ser querido. Impresionantes las horas, a pesar de que era el día de catequistas, con todos menos con los catequistas. Pero aún había sorpresas. Quiso el misterio de la Feria que en la caseta del Lora, otra gloriosa, nos encontráramos con Andresito, Sergio, Luís y Ana, con los recién llegados de Madrid, con las niñas del cole a las que creía perdidas, con Sito, Josemi, Numa y los demás...y con mi grata sorpresa: una Isa que se lanzaba a la calle para reventar de alegría nuestra noche en su último rato en la Feria (sólo por la sorpresa mereció la pena haber pensado que ya no te vería). Un reencuentro total con momentos amargos, como en todos los lugares en los que el alcohol está presente, pero profundamente emocionante.

El viernes amaneció por fin un día soleado, de colores claros, de paseo de caballos, de sol iluminando el albero de la Maestranza, y reposición de farolillos en las principales avenidas de la ciudad efímera. Salimos temprano Guillermo, Chino y yo hacia la Feria. Y al llegar, nos dimos cuenta de que allí no había nadie: todos descansaban o se preparaban aún para venir al Real. Una Feria abarrotada de gente que nos dejaba sin poder encontrar donde caernos muertos. Horas hasta que llegara alguien más. Desesperación y aburrimiento: la noche no pintaba nada bien. Pero la cosa se arregló al poco tiempo: madrileños que llegaban con ganas de fiesta, brindis infinitos en la caseta de la Ser en los que por encima de todo había que apoyar, señorío de cantes en la caseta de Anita...La llegada de Arancha, la mujer que brinda con más energía de la Tierra, y un final con sabor a buñuelos de 36€ que nos supieron a gloria.

El sábado para mi es el día crucial. Es el comienzo del fin. El sueño que se escapa de las manos: los trenes que parten llevándose a los que durante una semana fueron el alma de la Feria. La vuelta a la realidad en la que nos agarramos a la manzanilla como si fuera lo último que vamos a probar. Las fuerzas tremendas de nos resignarnos a que el sueño acabe. Dice la sevillana más triste que ha oído un sevillano que "algo se muere en el alma cuando un amigo se va", y no le falta razón. Imprime esa huella profunda en el recuerdo que te deja el sabor amargo del final de la semana grande. El amigo que se va es como la parte de la Feria que perdemos cada domingo entre fuegos artificiales y lágrimas. Los abrazos bajo la Portada te recuerdan que ese es el límite, que se acabó, que más allá de la gran puerta de luz ya no hay nada más que rutina. Sevilla se quita los volantes y los guarda entre trajes de chaqueta manchados de albero y catavinos robados de sabe Dios cuántas casetas. Otra que se nos va. Otro año que acabo la Feria, y sólo me queda la caña para repicar las palmas en el eco sordo de mi habitación. Otra vez os echo de menos, queridos visitantes que cada vez hacéis que me duela más perderos. Por muchas mañanas que os acompañase a casa, siempre fueron pocas. Por muchas vueltas o muy tarde que llegáramos, siempre fue pronto para mí. Porque siete días son una tortura si hay un lunes detrás en el que me de cuenta de que todo ha sido un perfecto sueño en el que tardaré otro año en volver a caer.
Os veré pronto, madrileños, lo prometo esta vez sin tapujos ni excusas. Espero haber sido al menos un decente anfitrión...
Sevillanos, que deciros, que lloréis conmigo por otra Feria de ensueño que se marcha, que bien se sabe que mal de muchos, consuelo de tontos (¡¡y para esto, somos todos igual de tontos!!).

Gracias a todos por formar parte de la mejor Feria de mi vida, siete días en los que con sólo vuestra persona, sin casetas, ni farolillos, ni sevillanas ni manzanilla, ya habría sido Feria en mi corazón. Sólo me queda decir: Viva la Feria De Abril!
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