lunes, 30 de julio de 2007

Al Sur de Granada



Como el escritor de la película, Gerald Brennan, yo también necesitaba hacer una escapadita a ese lugar de encanto en plenas Alpujarras, al sur de Granada. Este fin de semana me ha dado tiempo para pensar, para darme cuenta de que lo que no he reflexionado en el Espino, podía pensarlo ahora. Así es como he sacado conclusiones que no quería sacar y que ahora en cierto modo me atormentan, pero que necesitaba sacar fuera de mí.


En plena sierra, junto al pueblo de Busquístar, en la ladera de un monte, he visto atardecer, y cuando ya no me quedaban suspiros, me he dejado aconsejar por la brisa que en la noche me acompañaba mientras veía las estrellas. Si de algo me arrepiento es de haberme ido del Espino sin compartir esas cosas para las que no he tenido tiempo con tanto ajetreo. Ahora, pues tengo una espina clavada en el alma, y un montón de ilusiones por las que voy a luchar.


También aprovecho para decirle a los granadinos que su ciudad es de las pocas que me quitan la respiración cuando paseo por ella, y cuando me quedo embobado contemplando la Alhambra, desde San Nicolás. Espero que pueda haceros una visita pronto, si no os adelantáis vosotros.

jueves, 26 de julio de 2007

El_Ciento_por_Uno


Un Espino para dar el Ciento por 1. Un reto enorme para un acompañante que veía que el mundo se le venía encima. Para alguien que confiaba tan poco en sí mismo que no creía que nadie pudiese aprender nada de él. Un hombre silencioso simplemente por el miedo a abrirse demasiado.

Un Espino marcado por los momentos sublimes, por esos instantes que se recuerdan después de muchos años y sigues riéndote como el primer día, por los segundos que te hacen esbozar una sonrisa o derramarse una lágrima de nostalgia. Quizá un poco exagerado ya que soy un sentimental y un optimista, además de un novato que cree que el mundo es maravilloso como si fuese su primer Espìno (y ya van 5...). Ahí van mis recuerdos, que quiero compartir con todos vosotros:



  • El viaje apoteósico con Diego y Cris hasta Miranda: la señora de Andújar, la vuelta turística por Córdoba, el Burger King del reggaeton en Chamartín, Paquito el chocolatero remezclao y las Supremas de Móstoles, la gimkana por el metro de Madrid, el niño potando en el tren, el hombre de la camiseta en llamas que subía la temperatura en Palencia, los gusanitos eternamente rancios pero que nos daba pena tirar, la estación sin salida de Miranda...

  • La carrerilla hablando de la galleguiña.

  • Marcos con la raya al lao y vestío de pijo.

  • ¡ No es Supermán, es Bonilla disfrazado que te quiere saludar. Mira que ya está aquí, el Espino 100x1 te invitamos a vivir! Gracias SuperPeter!

  • El grito del espino sin duda, traído desde PS por Yrizar: Acompañanteees! Auuu!

  • Las noches de incertidumbre en el cuarto de Cris y Maca en las que los acompañantes no sabíamos que iba a ser de nuestra vida...

  • Diego y su habilidad para no mancharse aun pintando toda una planta

  • Los esfuerzos de Maca y míos por entender a Juan Ramón, lo que se resumió en : This is This is, I love tennis, Yeah!

  • Los cabreos de Sergio en la Casita y el glorioso día en que le quitó al Canina el megáfono

  • Los piques jugando al Chinchón, y las trampas de Lauri mirándole las cartas a Carlitos

  • La tarde insufrible frotando el suelo del módulo 4 sin resultado aparente...

  • El día que Juan Carlos me derramó el café hirviendo en la mano sana...

  • Los marcadores del grupo de interés de Laureano, y el marcador interactivo de David!

  • El portar la cruz de la misión entre todos los acompañantes

  • La aventura de Fran y mía la noche de la adoración para ver si los módulos estaban abiertos.

  • Las peticiones de David y Marta, y por supuesto el chiste de David la noche del martes

  • El discurso de Rafa como rey Alfonso en la Iglesia

  • La canción que me emocionó: Yo soy la Luz del Mundo

  • El concierto de Blanco Gas: gracias chicos por dejaros ver para los que no vivimos en Madrid y nos gusta vuestra música.

  • Las veces que Diego dijo "Huele a sudor" en lugar de "Escuece el sol" en la canción Soy Yo

  • Glasgooow, Glasgooow, lololooolololooolololooo!!!

  • Francis en la acogida que consiguió de pesao que comiera albóndigas.

  • Las nominaciones de antes de acostarse.

  • La habilidad de Angelines para reutilizar el pollo durante toda la semana

  • Las cruces que Sugus trajo de Honduras

  • La ausencia de mi mitad cristiana: Isa

  • Mi compi Marta y nuestros atracones de trigo en medio del grupo de edad

  • La noche de las estrellas, con Emi a un lado y Marta roncando en el otro

  • La sonrisa de Laura que hacía tanto tiempo que no veía así

  • Vamos Miguelitooo, vamos campeón!!!!!!

  • Mi grupo de edad, que dió fruto aunque no lo pareciese en un principio...

  • La pulsera de Paloma y todas la que yo he regalado...

  • Mis charlitas en plan padrazo el día de desierto

  • El trauma de ¿y mis niños por qué no lloran?

  • El miedo a que el himno fuera demasiado cursi

  • El rato increíble de acompañantes en el césped de San Alfonso el sábado por la tarde con Emi y Marta

  • La risa de Julián: indescriptible

  • Mi testimonio como representante del Espino 2003: Vente!

  • Santi siempre atento por si decíamos alguna parida cantarnos la canción del Club de la Comedia

  • Los 10 minutos con Rebeca en el bus de vuelta

  • Cristina Countryside implacable con los módulos

  • Cele y Sori y su trabajo durante toda la semana

  • El Gloria Hondureño y la imagen de Carmen Navarrete de un peruano subiendo al Machu Pichu en llama.

  • El vídeo de Damián desde Italia

  • La eterna amabilidad de Elena Iglesias: eres mi ídolo

  • Los "Mucha Paaaz" de Sarita

  • El paseo con Luis por los trigales y la charla con Oscar en las toallas

  • Los besos porque sí de Maca

  • Los abrazos que te taladran el alma mientras suena Nada nos separará, y te contienes las lágrimas

  • La voz de bajo profundo de David que llena toda la iglesia

  • El Chino Cudeiro. Sergio, te viene al dedillo

  • Los 10 minutos de ojos cerrados en la oración de la mañana, en los que luchábamos por no dormirnos

  • Que me tocara ser una niña ciega de 12 años en el juego de los refugiados

  • Emilio y sus campanas

  • Que por fin Sevilla ganó el campeonato de futbito

  • El esfuerzo de Candy y David por que saliera adelante el juego de rol

  • Las reuniones de acompañantes y el cafelito!

  • Las veces que me he quedado embobado en la oración de la noche mirando las manos de Yrizar en el piano

  • La Biblia: esa gran desconocida que ahora me encanta

  • La decoración que nadie comprendía de Francis en la Iglesia: era muy bonita, pero lo siento, no se entendía

  • Las palmadas en la espalda y las palabras de aliento en cada momento que flaqueé

  • El look jipi en decrescendo de Paula...jejeje

  • Tantos sueños que ni siquiera tenía, y que ahora están en marcha gracias a Trigo, que me mandó a algo que ni siquiera deseaba

  • Los niños de mi cuarto: Pery, Loras (los 2) y Chino, vais en el corazón

  • El torneo de yogures y las bendiciones de la mesa

  • Y tantas otras cosas, susurros, palabras, miradas, que se me escapan pero que cada año me despiertan por dentro para poder dar todo lo que pueda a los demás.

Un Espino para dar el 100x1, y por supuesto, para seguir adelante con los sueños que aún nos quedan, que no son pocos. Gracias a los nuevos compañeros de viaje y a los que se quedaron por el camino.

sábado, 30 de junio de 2007

¿Hay vida antes del café?


Antes de pensar el título del blog, ya sabía que se llamaría así.


Si hay un lugar en el que no me importe pasar las horas muertas es en un café, entre las mesas de madera, entre el olor de los posos, entre el silbido estruendoso de las cafeteras viejas que gritan desesperadas.


En la mesa del rincón, aquella que parece que se puso intencionadamente para que sólo puedan ocuparla dos personas, o una en épocas de escasez de compañía y necesidad de soledades.


La mesa sobre la que se abren los libros más dispares, donde se apoyan los cuadernos y se hace ruido con los bolígrafos esperando que acuda la idea soñada.


Sólo ante el café, la taza es testigo del devenir del tiempo, de la calidez delos labios, de la frialdad de una mano decepcionada, de la mirada triste que se refleja en el espejo tostado del café. Sólo el tintineo de la taza sobre el plato indica que la realidad está ahí aunque tu no lo estés.


Por eso elegí el café. La mesa en la que pienso, la mesa en la que siento, la mesa que me dió los motivos para seguir o la fuerza para abandonar, la que me dió oportunidad de reír y me hizo contener la lágrimas para no llorar. La mesa en la que se apoyan mis sueños, mis mejores ideas y mis peores locuras.


Desde éste café te miro a tí a los ojos. A tí que lees los míos y te preguntas que barbaridad voy a soltar dentro de un segundo. A tí que un día me echaste de menos, a tí que me contaste tus problemas, a tí que hiciste que se me enfriara el café de tanto reírme, a tí que pediste cola cao para recordarme que por mucho que queramos, seguimos siendo niños...A lo que llenaron la silla de enfrente, y se sentaron fuera aunque era invierno o anduvieron 2 kilómetros sólo para encontrar un Starbucks, porque el café allí sabe distinto...


A los que tomaron café en la mesa del rincón y a los que lo tomarán.

Vientos del pueblo me llevan


Vientos del pueblo me llevan,

vientos del pueblo me arrastran,

me esparcen el corazón

y me aventan la garganta.


Los bueyes doblan la frente,

impotentemente mansa,

delante de los castigos:

los leones la levantan

y al mismo tiempo castigan

con su clamorosa zarpa.


No soy de un pueblo de bueyes,

que soy de un pueblo que embargan

yacimientos de leones,

desfiladeros de águilas

y cordilleras de toros

con el orgullo en el asta.



Nunca medraron los bueyes

en los páramos de España.


¿Quién habló de echar un yugo

sobre el cuello de esta raza?

¿Quién ha puesto al huracán

jamás ni yugos ni trabas,

ni quién al rayo detuvo

prisionero en una jaula?


Asturianos de braveza,

vascos de piedra blindada,

valencianos de alegría

y castellanos de alma,

labrados como la tierra

y airosos como las alas;

andaluces de relámpagos,

nacidos entre guitarras

y forjados en los yunques

torrenciales de las lágrimas;

extremeños de centeno,

gallegos de lluvia y calma,

catalanes de firmeza,

aragoneses de casta,

murcianos de dinamita

frutalmente propagada,

leoneses, navarros, dueños

del hambre, el sudor y el hacha,

reyes de la minería

señores de la labranza,

hombres que entre las raíces,

como raíces gallardas,

vais de la vida a la muerte,

vais de la nada a la nada:

yugos os quieren poner

gentes de hierba mala,

yugos que habréis de dejar

rotos sobre sus espaldas.


Crepúsculo de los bueyes,

está despuntando el alba.


Los bueyes mueren vestidos

de humildad y olor de cuadra:

las águilas, los leones y los toros de arrogancia,

y detrás de ellos, el cielo

ni se enturbia ni se acaba.



La agonía de los bueyes

tiene pequeña la cara,

la del animal varón

toda la creación agranda.


Si me muero, que muera

con la cabeza muy alta.



Muerto y veinte veces muerto,

la boca contra la grama,

tendré apretados los dientes

y decidida la barba.


Cantando espero a la muerte,

que hay ruiseñores que cantan

encima de los fusiles

y en medio de las batallas.


Miguel Hernández

martes, 19 de junio de 2007



Entre los gloriosos muros



Quien diseñó el teatro de la Ópera de Munich, aquel que con su esfuerzo, memoria de arquitecto y estilismo neoclásico imperante en toda Prusia, levantó los sillares de piedra de un teatro dedicado a la belleza, no pudo ser otro que un loco.
Quizá un enamorado de tiempos pasados, un espíritu optimista ante la adversidad, un ser enamorado y por ello, maldito.
Un teatro que vió nacer por vez primera los acordes hermosos del Tristán e Isolda, del tantas veces calumniado Wagner, una obra en la que la protagonista muere de amor ante el amado muerto, como sólo en los sueños de Bécquer podía ocurrir.
Y no es curioso al menos, que la misma cúpula dormida por el sopor del tiempo y del silencio, tuviera que encerrar tanta hermosura, y derrumbarse al mismo tiempo ante el horror de un hombre, que en su afán de matar, ni siquiera respeta la belleza...
El Teatro de la Ópera de Munich es un lugar desgraciado a la vez que solemne. Los aviones aliados de la Guerra más sangrienta de la Historia, arrasaron sus bóvedas de escayola, ardieron sus cortinas de terciopelo, la madera de las butacas y se derritieron los frescos con las llamas. Habiendo ardido dos veces a lo largo de su historia, volvía el templo del arte a consumirse bajo el fuego del odio entre hermanos. Volvió a pagar la belleza, lo único por lo que el ser humano merece ser alabado, el arte que se derrama del corazón, volvió a pagar por tanta falta de fe.
Muerto ya el insigne Wagner, ajeno a lo que ocurría en el teatro en el que alcanzó la gloria con su obra más tremendamente bella, por los siglos de los siglos, había pagado en sus carnes el terror de ser el músico favorito de un tirano. Un Wagner que pasa a la Historia por ser el autor de La Cabalgata de la Walkyrias, la marcha que guiaba los pies de los nazis en su destrucción de Europa, y no sin embargo, por haber compuesto uno de los amaneceres más preciosos en la Obertura de su ópera Lohengrin, cuando la música se transforma en tiempo. Injusto que se le odie por algo que ni siquiera él llegó a ver con sus propios ojos, por algo que nació del rencor y no del espíritu, como fue concebida la música allá en el principio de los tiempos.
Y un sólo testigo: la Ópera de Munich, tantas veces asolada y tantas otras levantada con la fuerza del corazón, con la ilusión de los que aún creen en los sueños, en esa utopía cultural que embriaga cada rincón que tocó el romanticismo alemán con su pluma apasionada. Un templo soberbio, frágil al mismo tiempo como la propia felicidad, pero colosal como s mensaje: lo hermoso del hombre siempre renace de sus cenizas, por mucho que queramos enterrarlo, porque las voces del alma siempre resuenan en nuestro interior esperando una oportunidad, esos momentos a los que llamamos "felicidad", que igual que se derrumban, vuelven a levantarse para hacernos morir de amor, como a la insigne Isolda, aunque sea sólo un sueño que nos deje dulces los labios y cálida el alma.