Ya hace casi tres semanitas que estoy entre micrófonos. Poco a poco me voy haciendo con todo, a pesar del pánico del principio.
El medio de la voz, de la palabra, del mensaje suspendido en un elemento que no podemos tocar. Y yo detrás del micro, vulnerable (porque me da vergüenza hasta que se me oiga respirar), y nada más y nada menos que 2 horas al día en el estudio.

Mis compañeros me están despegando poco a poco de la silla, de ese terror que tengo a oirme a mí mismo. El programa es una continua fiesta y no dejan de alucinarme cada día, con cosas nuevas y frescas y siempre divertidas. Dicen que no voy a aprender mucho: yo lo dudo. Si algo me hace falta es espabilar, y esto es una terapia de choque periodística que no tiene precio.
No sé si lo haré bien o lo haré mal, pero noto que cuando me llaman El Nuevo (mi sutil novatada durante el primer mes), no lo dicen de manera despectiva ni con aires de superioridad.
Ya me quedan pocos días de ser El Nuevo. Y en el fondo me da un nosequé. A lo mejor es que estoy empezando, pero me encuentro tan bien... ¡Quién me lo iba a decir!
Y eso que me mandan mensajes de texto al programa de algunos oyentes que me dicen que soy un soso, que si me viene grande el programa, que lo deje...pero también recibo otros que me animan, que dicen que tienen envidia por el puesto que ocupo, que me apoyan... Una de cal y una de arena.
Ya os iré informando de cómo va la cosa. Si os entra curiosidad en Radio Andalucía Deportiva a las 12:00, y de vez en cuando a las 15:15 en La Jugada. A ver qué os parece (¡sed benévolos!).