domingo, 10 de abril de 2011

Te volveré a ver

Te volveré a ver. Este año regresaré a tu barrio, el de mis tardes de conservatorio, y seguirás allí. Este año será distinto, como lo fue el pasado, y el anterior, y el otro. Este año llegaré sin haber vivido el hermoso instante de la Víspera, sin haber visto los preparativos, ese nervio que le entra a Sevilla cuando ve que el día se acerca y se le dibuja una sonrisa en la cara sin querer.

Este año iré a buscarte, aunque no hayan querido que mi música acompañe tus andares porque estamos demasiado preocupados con nuestros problemas terrenales como para dedicarnos a músicas menores. Este año te encontraré en nuevas esquinas, en las que trazan tu nuevo recorrido, el que te lleva a callejear aún más y regodearte en ese barrio que sabe bien que eres el kilómetro cero de San Lorenzo.

Este año te buscaré donde nunca te busqué y te encontraré, en la sorpresa de un balcón, en el reflejo de un escaparate que quiere ser espejo en el que te mires. Este año será diferente, y será tan cotidiano, que tendré que regresar al eterno olor del azahar, al sol abrasador, a la muchedumbre incansable que te espera en cada acera, y no me importará.

Este año llego más en el descuento todavía, cuando no hay ya espera, sino que toda la ciudad estará en fiesta. Llegará el tren y la ciudad ya se habrá vuelto barroca de nuevo, en sus calles el ruido del tráfico habrá dejado su lugar a la corneta y el tambor, a la banda de música con su paso lento y acompasado, al conjunto de capilla sobrio y casi silencioso.


Este año llegará el martes y tus puertas se abrirán de par en par, y cuando San Lorenzo calle será cuando tú salgas. Como si desde el martes santo de 2010 solo hubiesen pasado horas. Y entonces sabré que he vuelto, y se me olvidarán los neones y los titulares, porque aqui todo eso se lo lleva el viento.

Este año me encontraré contigo para volver a constatar que, como dice el acervo popular, sigues siendo la Gracia de Sevilla bajo palio. Y eso no cambia nunca. El momento ha llegado. La cuenta atrás me despierta un cosquilleo en el estómago y me sale esa sonrisa nerviosa que me hace recordar que, a pesar de todo, sigo siendo sevillano. No hay mucho más que decir. Este año, cuando vea tu templo de malla y oro enfilar la Plaza de San Lorenzo, sabré que todo vuelve a empezar. No el uno de enero, sino el martes santo. Y cuando se cierre tu puerta, volveré a contar los días al revés, sabiendo que solo quedan 364. Espérame en el barrio en el que aprendí a ser músico. Allí forjé mis sueños, y allí aprendí a arriesgar y a amar mi tierra. Espérame en tus calles, donde tu Dulce Nombre no se borra, sino que está en los labios del viento, y se hace marcha cada primavera.

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