miércoles, 13 de abril de 2011

La larga espera


Sueño con el dulce repiqueteo de la bambalina al aire que golpea el varal. Sueño con la flauta que se mantiene en una nota estática, en el eterno staccato que culmina las transiciones desde el trío de las marchas de palio hacia el tema principal. Sueño con el giro mesurado de un misterio que desafía las leyes de la física en el viraje hacia un callejón de paredes encaladas. Sueño con la luna que se mira en el espejo de un techo de malla y en el terciopelo de un manto azul que es la única escalera posible para tocar el cielo con las manos.

Sueño con una ciudad enjoyada de espadañas que claman al cielo como una corona inmensa que eleva a la ciudad provinciana a reina barroca. Sueño con la marea de gente que sube unida como los prisioneros del Nabucco verdiano la Cuesta del Rosario en busca del esplendor de un palio hecho templo. Sueño con un asfalto palpitante cubierto de cera caliente y con una lluvia de pétalos en la calle Pureza. Sueño con una catedral silenciosa y con un barco de luz de candelería surcando las naves imponentes de la gloria gótica de la ciudad.

Sueño, sueño y sueño, y la semana se me hace larga queriendo que a la mañana siguiente sea ya Domingo de Ramos y el tren me lleve de vuelta a casa.

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