lunes, 11 de octubre de 2010

Osuna Express: una noche en palacio

No hay noche más hermosa que la de Osuna bajo la lluvia de otoño. Creía que lo había visto todo hasta que he conocido la noche cerrada y silenciosa en una calle empinada de adoquines en pleno centro de Osuna. La ciudad es extraña como Venecia: serena, misteriosa, sutilmente despoblada y rotundamente atractiva.

El palacio en el que íbamos a alojarnos se presentaba enorme, relativamente vacío, de techos altos, señorial y muy acogedor. La pelirroja empuja con toda su fuerza (no la suficiente) la puerta de madera con cerradura clásica. No se abre. Tras varios intentos, se da cuenta de que falta una vuelta de la llave. Empuja y entramos. La casa es fascinante, y desde el primer momento sé que aquel escaso día que pasaré allí será algo para recordar.


Durante las siguientes horas se alternan las canciones a capella, las charlas en la cocina, las bromas, la planificación del concierto de Sevilla28, el guitarreo flamenco y los cigarritos en la puerta de la casa ante una calle desierta por la que corre un río ligero improvisado por la copiosa lluvia. El piano de pared, la encimera de la cocina, las tres camas unidas, la azotea cubierta de nubes blancas y la escalera encalada con el azulejo de San Rafael, son testigos de una noche de Sevilla28. El año pasado en Alcalá nuestra primera conviviencia, y este año, cuando creía que no habría nada especial, me sorprendéis con una convi sorpresa, una reunión de amigos improvisada y que ha salido a la perfección.

Cada vez cantáis mejor, me gusta que estéis tan concienciados de que esto es importante, que no haga falta que nadie ponga orden. Me gusta que te lo tomes tan en serio que te enfades, me gusta que nos traigas lo que cantas con tu coro joven de Andalucía y que nos lo enseñes con toda la pasión que la música te provoca, me gusta que des ideas descabelladas que luego resulten geniales, y me gusta que quieras entrar en este círculo de locos, de músicos locos que se lo pasan demasiado bien trabajando juntos como para rendirse.

No sabéis cuánto os echo de menos y cómo os agradezco esta noche de fantasmas y risas en el palacio de los Aguilar en Osuna. No ocupáis mi tiempo, sino que me proporcionáis nuevos recuerdos, nuevos motivos para volver, para querer volver. Madrid es una paradoja en sí misma que acoge al forastero como a uno más, pero no hace que se sienta acogido. Hay demasiado tráfico para oír los pájaros y la lluvia caer por los adoquines de una calle empinada.

Esta tarde, después de los abrazos rápidos antes de subir al coche, la descoordinación con nombre propio me ha golpeado con la puerta del coche en el labio. Tras los perdones pertinentes y con la nostalgia aún en el cuerpo, una vez en marcha, me he tocado el sitio golpeado y he sentido un ligero dolor. Temiendo que se me hinchara y que tuviese que dar explicaciones por el moratón a mis fuentes en Madrid al citarme con ellas, he vuelto al mundo real y he desplegado el espejo del copiloto, ese que los fabricantes colocan en el quitasol por si una mujer coqueta se monta en tu coche. El sol ha dado en el espejo y luego me ha mostrado una revelación (sabéis que me hablan mucho los objetos). En la imagen del cristal, una Osuna difusa vestida de blanco se dibuja sobre un cielo azul, en el asiento de atrás Mari Ro canta tranquila una canción de Pereza mientras el escaso sol le da en la cara, y en mi cara despejada y feliz no hay señal de hinchazón, mi labio está como siempre.

Todo sigue igual, si no mejor, después de este fin de semana de señorito andaluz en Osuna. Un palacio, un grupo de amigos enamorados de la música y una ilusión inagotable. Otro reencuentro lleno de alegrías, de sonidos y de nuevas incorporaciones. Osuna me ha abierto los ojos: el coro se ha hecho grande, grande de verdad, una institución madura, con responsabilidad, pero sin renunciar a esa pasión por la Música del primer día. Lo que hacemos es grande, amigos.

Gracias por seguir dejándome participar en este genial proyecto a pesar de la distancia. La música no es lo único que nos mantiene unidos: el cariño y la admiración que os tengo son más que suficientes para que cuando Sevilla28 me llame, compre un billete para Sevilla, me ponga las alas verdes y espere a que Jose dé la entrada. A partir de ese momento, comienza la magia.

2 comentarios:

Jose Lopez Suarez dijo...

eres mu grande=)envidio la habilidad que tienes para poner palabras a los sentimientos, cosa q yo... el concierto de sevilla28 se acerca, como tiene q ser, y ahi estaremos dando el cante, y nunk mejor dicho, para que todo vaya perfecto. ya tengo ganas de que empiecen los ensayos entre cachondeo, angustia, prisas y musica, muxa musica! un abrazo querido hermano!

Jose Lopez Suarez dijo...

se acerca el dia!! te echo de menos!=)