sábado, 16 de octubre de 2010

Noche de tranquileo psicotrópico


Para una noche que decido no salir a beber para olvidar y apostar por un plan tranquilo, estoy ahora mismo absolutamente desconcertado. Me he ido con Javier después de unas cervezas y desahogarnos por la infernal semana de revista -después de la cual me he dado cuanta de que siempre pringamos los mismos- al cine al Palacio de Hielo. Buscando en El Psís que hoy ni siquiera hemos hojeado la sesión golfa, nos hemos topado con dos opciones: la DiDi Hollywood de la Pataky en la que -palabras textuales de la rubia- no enseña "ni un pezón", o la película sobre la creación de Facebook, La Red Social.

Obviamente, nos hemos metido en la segunda (después de perdernos por un centro comercial medio abandonado) con sendos cubos de palomitas. Resulta que el niñatillo de Harvard que creó el "Me gusta", Mark Zuckerberg, era una mala persona de mucho cuidado. No contento con putear a los dos niños pijos que iban a ser sus socios, deja tirado a su mejor amigo y co-fundador de la red social para irse con el creador del Napster encarnado en un Justin Timberlake al que es muy fácil odiar. Resulta que el tal Mark traiciona al buenazo de su amigo Eduardo, un brasileño bastante buen tío, y se queda solo pero con una empresa que vale 25.000 millones de dólares. Ahí es na.

No contento, llego a mi casa y pongo la tele. A las 2.30 de la madrugada Intereconomía me obsequia con un reportaje enternecedor y nada necesario que intenta mostrar el lado afable y campechano de Franco. Mientras desfilan por la pantalla conocidos del caudillo ensalzando su personalidad entrañable, de fondo suenan mis piezas favoritas de música clásica como la Romanza del Concierto para guitarra y orquesta de Salvador Bacarisse o el preludio de Lohengrin de Wagner. Después querrán que no me indigne. Una noche rara. Miedo me da que suene el timbre.

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