domingo, 10 de enero de 2010

A los cuatro vientos


Helados como estamos con esta ola polar, era casi obligada en esta entrada la utilización de una alegoría meteorológica. Si hay un símbolo de antaño de la climatología que me fascina es esa estrella de innumerables puntas y variados colores que ilustra los cuadernos de bitácora y refulge detrás de los cristales empañados de las brújulas. Siendo una estrella en toda regla, es llamada de manera casi poética La Rosa de los Vientos. La recuerdo tremenda, gigante y hermosa, hecha de piedra, altanera ante el oleaje coruñés a los pies de la Torre de Hércules. Y me resulta fascinante un símbolo tan claro que define que en todo hay extremos, y también puntos intermedios, que hay direcciones y cambios de rumbo. Y me cambian el rumbo en menos de una semana, y la aguja de mi brújula no quiere olvidar en este caso, los puntos cardinales. Cada uno de ellos representa a uno de los vientos, el hálito que me susurra al oído, que me grita eufórico, que me riñe y me sermonea, el que se ríe descaradamente con sólo una mirada, el que reposa una mano en la espalda en un momento de agobio.

Como el Norte llegaba Antonio. Más que llegar volvía ante una súplica, ante una necesidad inminente que él sin dudarlo atendió. Sabiendo que su coordinador no sólo era su antiguo compañero de nivel, sino también alguien mucho más joven que él. Y no importaba. Con su amplia experiencia, seguía aportando nuevas ideas, poniendo ilusión, recordándome aquella pascua a la que fuímos a regañadientes, y en la que mirábamos el reloj cada día imaginándonos las cruces de guía en Campana, los misterios de costero a costero y las fanfarrias hermosas y valientes en cada uno de los barrios detrás de cada templo de bambalina que baila y flor fresca trepando a cada varal que llega hasta el cielo. Eres el último de los que quedábamos, el primero que empezó de catequista en su vida y el que aún sigue en esta labor encomiable, dura y sólo a veces satisfactoria. Al Norte de mi Rosa de los Vientos, porque tu corazón desde hace tiempo también mira al Norte, más allá de mis madriles, casi donde acaba este país. Al Norte porque en tu día a día miras hacia arriba, allá donde acaban las nubes, y tienes presente lo que a nosotros se nos olvida a pesar de que lo enseñamos cada domingo.

En el este alguien a quien conozco hace demasiado y por fuerza aunque no a disgusto. Mi hermano se sitúa en el punto cardinal que designa al demostrativo más cercano. A mi lado siempre, con él soy como soy, un esquizofrénico profundamente perturbado, pueril, con un pavo y una torrija encima que no puedo con ellas, así, todo mezcladito, lo dulce con lo salado, todo sobre mi cabeza. Con él ni finjo ni me escondo ni pienso en las consecuencias, a él le grito y le puteo la existencia, lo voy a buscar a su cuarto para reírnos a carcajadas, y como el Este, es mi diestra, la mano que todo lo sabe, hasta lo que hace la izquierda. Es mi hermano, el que más me visitará en los madriles, el que me aguanta y el que me recuerda que dentro de mí nada está cuadriculado y que soy impredecible a pesar de todo lo que pueda parecer.

En el Oeste, el catequista modelo, el catecúmeno que todos quisimos tener y no tuvimos, perfecto en todas y cada una de sus facetas, da tanto el perfil que a veces da hasta miedo. Y aún así, Tomás tiene la cabeza llena de líneas, de diálogos, de disfraces y telones, de pasión y de sonrisas, cuando te suelta algo te lo dice porque lo siente y no porque lo finja. Teatrero, actor y vocación artística en persona, ese Peer Gynt de boina y mechones rubios, se toma tan en serio cada cosa que hace que es normal que a menudo lo veas con el entrecejo fruncido, porque para él todo puede salir siempre mejor. Al Oeste como yo te desplazas para ir a la Universidad, a esa Cartuja solitaria en la que conocí de primera mano el teatro universitario de la msno de mis amigos periodistas, y veo en tus ojos la misma ilusión que ví en los ojos de ellos, y me encanta montar teatrillos en catequesis porque me apasiona verte metido en el papel, que lleves el teatro en las venas como algo que es una alegría de vivir. Echaré de menos todas las funciones que no veré y en las que me dolerían las manos de aplaudirte, quién iba a decirme a mí que detrás de tu porte serio y cortés se escondía alguien tan genuino.

Y por último el Sur, con olor a mar, a Caleta gaditana llena de arte, porque no se puede definir a la única chica que tengo en esta Rosa de los Vientos con otra palabra que no sea "arte". Eres espontánea, y quizá porque a mí me cuesta mucho serlo, es por lo que me fascina tu forma de ser, abierta y a la vez callada, tímida y desprendida al mismo tiempo, sincera y gentil, pasional y modosita... otra bipolar para la lista en la que ya estamos unos pocos y de la que no quiero salir. De la brusquedad más chocante, tu felicitación de cumpleaños fue la más sincera, porque no hay que inventarse historias no vividas, sino vivir momentos para que luego se conviertan en recuerdos. Nos quedan tantos sueños y nostalgias que vivir que me da vértigo, porque ésto promete aunque no te lo creas, y al final, por mucho que me vaya a la capital, tengo una cuerda en la muñeca que me tira y me dice "vuelve al Sur". A ese Sur que representas tú, a ese Sur lleno de alegría y de vida, de luz del sol que se convierte en oro si sus rayos atraviesan una Cruzcampo fresquita en la barra de un bar. A ese Sur que una vez conocido lo único que se puede hacer es echarlo de menos.

Cuatro direcciones tatuadas, la Rosa de los Vientos a la que quise tanto porque sabía que la perdía tan prontito... Fue como todo lo bueno, que dicen que si es breve es dos veces bueno. Tres meses de confianza, de mediación, de diplomacia y de ilusión, de mucha ilusión. Porque me quedo tranquilo porque sé que no os hago falta, pero me duele tanto la espinita de saber lo que podría haber sido y no será, el día a día, las reuniones a las que no podré ir... espero que me lo contéis todo. Volveré cuando cambie el viento, con el barco cargado de historias rumbo a casa, a buscar mi brújula, la que me recuerda que hay cosas que me dejé aquí y a las que le debo una.

1 comentario:

Marta G-V dijo...

miguelito me encanta... dejas a Antonio en lo mas alto, gracias por ver lo que yo veo.
que bien escribes miguelito...
haz un favor a la humanidad y escribe un libro.
com estas por los madriles??????